Cincuenta años en comunión

Los niños y niñas de Cen 1969. /
Los niños y niñas de Cen 1969.

BENJAMÍN BLANCO

Para un padre y una madre / no hay alegría mayor / que ver hacer a sus hijos / la Primera Comunión». Era a finales de los años cincuenta del siglo pasado cuando Juanito Valderrama ponía voz a las alegrías y penurias de la clase obrera de este país, que en aquella época era la mayoría. Y entre esas alegrías, había una muy especial para la familia, pero sobre todo para los niños: el día de la Primera Comunión. En los cincuenta años transcurridos a España ya no la reconoce ni el tato pero todavía quedan muestras de aquellos tiempos, además del Valle de los Caídos. Hablamos de las primeras comuniones, que mayo tras mayo siguen anunciando la llegada del verano y la antesala de la pubertad.

En la actualidad, este sacramento ha adquirido más el rango de acto social que de celebración íntima y la ilusión de los niños se mide ahora no por los ansiados regalos, que entonces eran algo extraordinario, sino por el precio de esos obsequios.

El paso de los años también medirá el carácter especial y el valor de ese día señalado en el calendario. ¿Dejará un poso tan grande en nuestros niños como sí lo hizo en generaciones pasadas? El tiempo lo dirá; el mismo que no ha hecho olvidar la celebración a un grupo de canaliegos, que con mucho desparpajo han hecho un viaje al pasado para rememorar su gran día. En esta ocasión no sólo han celebrado, como otros años, su quinta, sino que se atrevieron a desempolvar el viejo álbum de fotos para volver a vestirse -en la medida de lo posible- como aquella jornada inolvidable: ellos con sus trajes oscuros y ellas con sus blancos vestidos.

En 1969, los niños y niñas comulgaban con tan sólo siete u ocho años

Comulgar con siete años

En 1969, año al que corresponde la primera imagen, los niños y niñas comulgaban con sólo 7 u 8 años y por aquel entonces en Canales de la Sierra, como en otros muchos pueblos pequeños, coincidía con el Día de la Ascensión, festivo por aquel entonces en nuestro país. Diadema, tul, rosario y libro para las niñas; chaqueta, pantalón corto y escapulario para los niños. Y tras la celebración religiosa, nada de restaurantes ni catering; a comer a casa con la familia e invitados. Ya por la tarde, a rezar el rosario y como colofón a la jornada, un buen chocolate con rosquillas ('retorcidos' en Canales).

Los esperados regalos han sido clásicos durante décadas (pluma, bolígrafo y reloj) además de bombones, ropa y algo de dinero que, como recuerdan los protagonistas, se lo solían quedar los padres. Eran otros tiempos, no cabe duda.

Y para ver el alcance que por entonces tenía la celebración, otra canción de la época, de Cecilia: «Su rosario es un recordatorio, su misal su catecismo, y esas fotos de su madre con sonrisa beata, mientras su padre estrenaba corbata».

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