Cecilia Otero
La especialista subraya cómo conocer mejor el cerebro ha ayudado a realizar intervenciones en la dislexia con mejores resultados
La dislexia es un trastorno del aprendizaje, en este caso ligado a la lectura, ampliamente extendido, más de lo que realmente se conoce, que puede ... generar graves dificultades especialmente en la etapa escolar a aquellos niños que están empezando a fijar contenidos precisamente a través de aquello que les cuesta: leer. Cecilia Otero Dadín, psicóloga con máster en neuropsicología y profesora de UNIR, participó el sábado en las II Jornadas de Rioja Dislexia con una charla en la que desentrañó cómo funciona el cerebro y de qué manera este conocimiento puede ayudar a la hora de trabajar las dificultades de la dislexia.
– ¿Qué es la dislexia y de qué maneras puede presentarse?
– Es cierto que la dislexia es algo popularmente conocido pero que, en el fondo, no todos sabemos identificar o reconocer. Se trata de una dificultad para adquirir la lectura en ausencia de otro aspecto limitante, es decir, no hay ninguna otra dificultad cognitiva o del desarrollo que lo impida; es una dificultad específica de ese aprendizaje. Y puede manifestarse de diferentes maneras porque la forma en la que aprendemos a leer está mediada por distintas rutas en el cerebro, distintas áreas implicadas que se comunican entre sí. Actualmente se acepta un modelo que identifica tres rutas complementarias;una, fonológica, otra es más visual –que nos permite leer más rápido y con fluidez– y una tercera ruta que nos ayuda en aspectos más complejos como la planificación. En función de la ruta que no esté funcionando bien las dificultades se pueden manifestar de una manera u otra: nos puede costar más la automatización visual de la lectura y por lo tanto leemos desde la decodificación fonológica que nos hace ser más silabeantes y más lentos, podemos tener esa dificultad fonología que nos hace leer bien palabras cortas y conocidas pero nos cuesta más con las novedosas...
– Una de las problemáticas a las que se suele aludir es al infradiagnóstico de la disléxica.
– De hecho lo que nos estamos encontrando los profesionales es que cada vez hay más adultos con sospechas de que pueden tener una dislexia no identificada. Te preguntas entonces cómo han podido pasar toda su escolarización e incluso estudios superiores así, pero es que, como decía antes, no hay otros procesos cognitivos alterados y muchas veces tenemos habilidades que nos permiten compensar o enmascarar esas dificultades específicas.
– ¿Qué dificultades crea la dislexia en las etapas educativas?
– La principal herramienta que tenemos para el aprendizaje es el lenguaje. Nos enseñan explicándonos cosas de manera verbal, aprendemos escuchando, pero el otro medio es el lenguaje escrito, con el querepasamos y estudiamos. Por ello se ve afectado todo el proceso de aprendizaje, porque falla una de las principales vías de entrada de información y contenidos, limita la comprensión. Entonces acabamos encontrando bajos rendimientos académicos, no solo en las asignaturas con mayor carga lectora, como Lengua, también en otras como en Matemáticas, porque podemos tener habilidad en la materia pero no entender lo que se nos pide. Progresivamente, la dificultad se extiende a más materias.
– Por ello se insiste en la detección precoz, ¿cómo puede ayudar esto a un niño pequeño que está empezando educación?
– La dislexia como tal no se puede identificar hasta que el niño ya está inmerso en el proceso de aprendizaje lector y eso desde el sistema educativo está establecido en Primaria. De hecho, los criterios de identificación te dicen que una dislexia conlleva un desfase temporal de dos años, es decir, que al menos tienen que pasar esos dos cursos académicos para detectarlo. Sin embargo, eso no impide la identificación de precursores que se desarrollan desde pequeños, la lectura cuenta con aprendizajes previos necesarios para instaurarse después correctamente. Desde la etapa de Infantil muchas actividades están digiridas a trabajar esos precursores: la conciencia fonológica, la percepción visual, el lenguaje... Entonces, cuando vemos a un niño que le cuesta identificar ese tipo de cosas, por ejemplo, seguir un trazo u orientarse en el espacio, podemos ir identificando dificultades y eso nos permite actuar de manera temprana.
– Has venido a hablar en Logroño de lo que la neurociencia nos está enseñando sobre la dislexia.
– Sabemos qué es la dislexia, trabajamos mucho en las respuestas educativas, en cómo ayuda a los niños, pero creo que es fundamental comprender el por qué les tenemos que ayudar de una manera u otra, entender las bases de la dislexia. El cerebro es el que aprende a leer y el que nos permite desarrollar nuestras habilidades, debemos ver lo que ocurre ahí. Además, es interesante ver cómo las intervenciones educativas tienen el poder de modificar algunas conexiones cerebrales implicadas en la dislexia, el cerebro tiene esa plasticidad y capacidad de adaptación.
– Entender cómo funciona el cerebro también permitirá, por lo tanto, realizar actuaciones más efectivas.
– Conocer la naturaleza del cerebro nos permite comprender por qué hacemos determinadas cosas, porque, por ejemplo, tenemos que trabajar la conciencia fonológica para mejorar la lectura. Entonces, cuando a un educador le dices que debe hacer ejercicios de procesamiento fonológico, que entienda por qué y qué va a conseguir le ayudará a optimizar la intervención educativa.
– ¿De qué manera nos ha ayudado la neurociencia avanzar en el trabajo en la dislexia?
– En los últimos tiempos ha habido muchísimos avances, como ocurre en las teorías y los modelos de funcionamiento cerebral en cualquier proceso. En este caso, el avance tecnológico nos permite estudiar cerebros en vivo, ver cómo se activan mientras leen o hacen cualquier otra actividad. Es algo que está en constante actualización, ahora, aunque nos falta mucho por conocer, sabemos más que hace décadas y eso se traduce en intervenciones más eficaces que van realmente a la base de la dificultad. Antes quizá se trabajaba más en la respuesta: si lees mal, pues tienes que leer más; si lees lento, hay que trabajar la velocidad. Ver lo que hay detrás de esa dificultad nos lleva a procesos básicos y trabajando esa base conseguimos mejores resultados educativos.
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