Las catedrales del cereal escriben su epílogo

El silo de Alfaro, que ha sido puesto a la venta por el Fondo Español de Garantía Agraria. :: justo rodríguez/
El silo de Alfaro, que ha sido puesto a la venta por el Fondo Español de Garantía Agraria. :: justo rodríguez

Los silos de Alfaro y Santo Domingo, edificios icónicos del paisaje agrario del siglo XX, salen a subasta

Sergio Martínez
SERGIO MARTÍNEZLogroño

El paisaje agrario de todo el país cuenta con sus propias catedrales. Edificios espigados, imponentes y robustos que jalonan la geografía con una arquitectura inconfundible, que nos transporta al pasado reciente de nuestro campo. Los silos articularon el sector cerealista durante varias décadas del siglo XX, pero transitan desde los 80 en una larga decadencia hacia el abandono o el derribo. El ejemplo de ello es la subasta por parte del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) de 25 silos, entre los que se encuentran los de Alfaro y Santo Domingo de la Calzada.

Entre los años 1945 y 1986 se levantaron en España 663 silos y 275 graneros fruto de la intervención franquista del mercado del cereal a todos sus niveles. El monopolio estatal surgido durante la autarquía articuló esa Red Nacional de Silos y Graneros, que en La Rioja tuvo reflejo en 13 localidades. Se construyeron ocho graneros -Arnedo, Badarán, Cervera, Calahorra, Corera, Leiva, Logroño y San Millán- y nueve silos -Alfaro, Calahorra, Nájera, Haro, Badarán, Fuenmayor, Leiva, Logroño y Santo Domingo-. El primero en levantarse fue el silo de Alfaro, en 1957, mientras que el último, el de Fuenmayor, lo hizo trece años después.

A ellos llevaban los agricultores sus cosechas, recibiendo un pago en función de diversas variables y encargándose el Estado de su almacenamiento y comercialización. El paso del tiempo fue limitando su función, hasta que en el año 1985 la entrada de España en la Comunidad Económica Europea conllevó una liberación. Algunos silos y graneros se integraron en una Red Básica de almacenamiento, que actuaba en caso de existir excedentes de cereal y estar los precios por debajo de un mínimo establecido. Otros, fueron devueltos a las comunidades, ayuntamientos o particulares. El destino de la mayoría de ellos ha terminado siendo el derribo, como ha ocurrido con los de Nájera, Logroño, Badarán, Leiva y Calahorra.

El globalizado mercado del cereal está lejos de esos parámetros que obligarían a un almacenamiento, por lo que la Red Básica ha caído en desuso. A ella pertenecen los silos de Santo Domingo y Alfaro, que el FEGA pone a la venta mediante una subasta que se celebrará el 4 de febrero del próximo año. Ambos son por su historia y fisonomía ejemplo de ese paisaje agrario del siglo pasado, aunque su utilidad ha quedado también atrás en el tiempo.

El silo de Alfaro presenta precisamente la arquitectura más extendida por la geografía nacional, definido en la catalogación como un silo 'tipo D1', que contaba con tres pasillos, situándose las celdas de almacenamiento de los laterales en el suelo y del carril central en altura. Una fórmula que suponía un gran aprovechamiento del espacio. La torre central servía de elevador para el cereal, que se distribuía desde lo alto.

El silo alfareño cuenta con un valor de tasación de 216.662 euros para una finca de 2.730 metros cuadrados; mientras que el Santo Domingo tiene una extensión de 3.521 metros cuadrados y un valor de 288.661 euros. El silo calceatense es de mayor tamaño, perteneciente al 'tipo E', un estilo posterior y que comparte el silo de Haro y el ya derribado de Nájera. Cuenta con cinco pasillos, por lo que resultaba más espacioso y dejaba en la planta baja dos naves libres para el transporte.

La venta de estos silos por parte del FEGA supone un paso más en la decadencia de un sistema que vertebró el campo español durante casi medio siglo. Edificios emblemáticos y cuya silueta ya está asociada a muchas localidades que hoy los contemplan con indiferencia ante su progresivo abandono. Por el momento, los silos de Alfaro, Santo Domingo, Fuenmayor y Haro aún siguen en pie, dibujando un paisaje cada vez más difuminado.

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