El Camino más pequeño y solidario

Enrique y Lola se abrazan al llegar a Santiago. :: Paula Fernández/
Enrique y Lola se abrazan al llegar a Santiago. :: Paula Fernández

Enrique y Lola Ramos, padre e hija logroñeses, completan la ruta jacobea recaudando contra la atrofia muscular espinal | Con el proyecto 'Dos Ramos en el Camino' han recaudado ya más de 5.000 euros

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Puede que Lola Ramos Fernández, una niña logroñesa de 5 años, aún no sea verdaderamente consciente del regalo que le ha hecho su padre, Enrique. Ayer completó el Camino de Santiago después de haber partido de Roncesvalles el pasado 15 de julio. En menos de un mes, 750 kilómetros a pie, aunque ella, lógicamente, ha realizado buena parte del recorrido montada en un carro empujado por su progenitor. Pero si Lola recordará esta experiencia toda su vida es, sobre todo, por encima de haber vivido una aventura con su papá, porque lo ha hecho con el objetivo de recaudar donativos para FundAME, entidad cuyo fin es el de mejorar la calidad de vida de personas que sufren Atrofia Muscular Espinal (AME), como su prima Paz.

Ayer Enrique y Lola llegaron a Santiago de Compostela «con un poco de tristeza y morriña, ya pensando en el siguiente proyecto». Al cierre de esta edición ya habían logrado reunir más de 5.000 euros a través de una plataforma 'crowdfunding' y de FundAME, pero el plazo de recaudación se ampliará en días y en actividades. Llegar a la meta de este proyecto ha supuesto «un saco de emociones; por un lado la tristeza de acabar, pero también alegría y orgullo por haberlo conseguido», explica Enrique Ramos.

El padre de esta historia confiesa que ha vivido «cosas que te emocionan» pero también es humilde y expone: «Lo que hemos hecho no es tan heroico, sólo hemos andado». Lo que sí parece insólito es que hayan completado el Camino de Santiago sin sufrir una sola ampolla ni en pies ni en las manos, a pesar de empujar un carro que, con Lola encima, pesaba unos 35 kilos. Quizá, simplemente, sea la costumbre de andar: «Tengo carné de conducir desde los 33 años [ahora, 41] y habré conducido 120 kilómetros en mi vida, voy a todas partes andando», dice. Lo que sí ha hecho es adelgazar 8 kilos y, bromea, menguar 3 centímetros.

«Lo que hemos hecho no es tan heroico, sólo hemos andado», expone con humildad Enrique Ramos

Lola, describe su padre, «ha sido el 'juguete' del Camino». «Empezó con miedo a los perros y ha acabado jugando con ellos. Es muy cariñosa y ha estado contenta en general, aunque también hemos tenido nuestros momentos de bajón», admite Enrique. Para esos momentos vino bien la aparición puntual de la madre, Paula Fernández, quien también, como nutricionista (Nutrium), les marcó una dieta en la que hubo mucha fruta, sobre todo para desayunar. Y aunque Lola subió andando altos como el del Perdón (Navarra), en otras ocasiones empleó la picaresca: «En algunas cuestas se hacía la dormida para no andar».

Eso sí, Lola sabía que recorrían el Camino de Santiago para ayudar a Paz: «Ella misma se lo explicaba a la gente y sabe de la enfermedad, y es que vivió el caso de Meritxell». Al llegar a Santiago de Compostela su padre le advirtió: «Nosotros hemos terminado pero la AME continúa».

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