La batalla de las pajitas

Las pajitas tienen una vida media de veinte minutos, pero tardan cientos de años en degradarse en el medio ambiente. :: EPA/
Las pajitas tienen una vida media de veinte minutos, pero tardan cientos de años en degradarse en el medio ambiente. :: EPA

Se estima que sólo en Estados Unidos se consumen tantas pajitas como para dar la vuelta al mundo dos veces y media... al día La guerra contra el plástico sigue con estos objetos desechables... y no inofensivos

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Si uno lo piensa bien, una pajita no sirve para nada. Excepto en casos determinados, (algunos problemas médicos en la boca, por ejemplo) no hay ninguna utilidad en consumir una bebida mediante una cánula de plástico en lugar de directamente.

Y sin embargo, lo hacemos. Y cada vez lo hacemos más. La humanidad produce, consume y desecha cada día cientos de millones de pajitas, uno de esos objetos a los que no prestamos atención, y que sin embargo suponen un problema medioambiental creciente.

Estados Unidos es la patria mundial de la pajita de plástico: los bares y restaurantes del gigante norteamericano han adquirido en las últimas décadas la costumbre de añadirlas en prácticamente todas las bebidas, sea o no solicitado por el consumidor. Y así salen los números que salen: unos 500 millones de pajitas consumidos cada día, sólo en Estados Unidos. Suficiente como para dar la vuelta al mundo dos veces y media. Cada día.

Disney acaba de anunciar que eliminará las pajitas de sus parques a mediados del año que viene

Desde hace tiempo hay movimientos que buscan eliminar o al menos disminuir ese sinsentido: una pajita de plástico tiene una vida útil media de unos veinte minutos, pero luego, al no ser reciclable, estará cientos de años el medio ambiente, sobre todo en el mar.

La campaña anti-pajitas ha ganado estos días un golpe de publicidad: el gigante del entretenimiento, Disney, ha afirmado que las eliminará totalmente de sus parques. Y bien pronto. Según informa la agencia Efe, Disney pretende haberlo conseguido para mediados del año que viene. También eliminará otro objeto plástico igualmente desechable y en el que tampoco solemos reparar: los «removedores» de plástico para disolver el azúcar en bebidas calientes.

Dice Disney que así se evitará el consumo de varias decenas de millones de estos objetos desechables (y además, la empresa se ahorrará unos eurillos, claro). Pero en realidad no es más que el último escalón de un movimiento que va dando saltitos por todo el mundo.

Lo que buscan organizaciones como 'The Last Plastic Straw (LPS)' ('La última pajita de plastico', americana) o 'Straw Wars' (inglesa) es conseguir que los locales de hostelería no den a sus clientes por defecto una pajita en determinadas bebidas, sino que sólo la ofrezcan como opción si es que el cliente realmente las pide. Es decir, un cambio que en realidad se aplica en muchos otros casos parecidos: que el consumo de este tipo de objetos sea consciente y sólo en caso de necesidad. Lo cual, en el caso de las pajitas, es pocas veces.

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Por eso, asociaciones como la ya mencionada LPS proponen también a los consumidores que especifiquen al camarero que no quieren una pajita en sus bebidas.

La prohibición playera

En algunas ciudades americanas se está ya extendiendo la lucha contra estos objetos plásticos. Sobre todo, en lugares con playa. Miami lidera el movimiento: hace ya unos meses prohibió servir pajitas a los clientes en la playa, sin demasiado éxito: en una experiencia comunitaria de limpieza, sólo diez camareros de locales frente a la playa, en un espacio de dos manzanas, recogieron 400 pajitas entre playa y acera.

Así que Miami va a prohibir ahora las pajitas en todos los locales que tengan terraza o sirvan bebidas al exterior. El problema (entre otros) es que las máquinas que limpian las playas cada mañana no pueden recoger este tipo de desechos. Así que la mayoría acaba en el mar.

Así pues: primero fueron las bolsas de plástico, luego las pajitas y «revolvedores», y luego irán otros: en general, los objetos desechables de plástico están en el punto de mira. Y es lógico: minutos de uso, millones de años en la basura. Tiene que haber una manera más lógica.

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