Asaja cierra la crisis con la elección de nuevo presidente y la expulsión de los 14 críticos

Eduardo Pérez Hoces, en el centro, con su comité y junta directiva atiende a las palabras del presidente de Asaja nacional, Pedro Barato. :: Díaz uriel/
Eduardo Pérez Hoces, en el centro, con su comité y junta directiva atiende a las palabras del presidente de Asaja nacional, Pedro Barato. :: Díaz uriel

La asamblea respalda a Eduardo Pérez Hoces con casi el 90% de apoyo, aunque poco más de dos tercios apoyaron la medidas disciplinares

ALBERTO GIL LOGROÑO.

Punto y seguido. El sindicato agrario ARAG-Asaja cerró ayer la crisis interna con la convalidación por parte de la asamblea de la expulsión de los catorce asociados que forman parte de la Asociación para la Vitivinicultura de La Rioja Alta (Avira) y con el relevo de Javier Rubio al frente de la presidencia.

Eduardo Pérez Hoces, un viticultor de 29 años, es desde ayer el nuevo presidente de ARAG-Asaja en un intento de reforzar el peso de esta comarca en la organización tras la crisis territorial abierta en el año 2017 con la postura mantenida por el sindicato ante los rendimientos de producción aprobados por el Consejo Regulador el año de la helada y que dio lugar al nacimiento de Avira. Una crisis interna que se recrudeció con posterioridad al conocerse que un hijo del hasta ayer presidente del sindicato, Javier Rubio, había recibido inicialmente -aunque luego la Consejería de Agricultura revocó las adjudicaciones- 24 hectáreas en los repartos de plantaciones de los años 2016 y 2017.

Pérez Hoces logró un respaldo muy mayoritario, de prácticamente el 90% de los 297 socios compromisarios que asistieron a la asamblea, mientras que la votación de la expulsión fue también holgada pero no tan unánime: 195 votos a favor, frente a 64 negativos y 26 sufragios en blanco. En todo caso, la decisión de expulsión contó asimismo con el apoyo expreso del presidente nacional del sindicato, Pedro Barato: «Me ha decepcionado recibir quejas anónimas -en referencia a determinadas protestas por escrito de los 14 expulsados- en lugar de con nombres y apellidos porque yo respeto las discrepancias, pero, por encima de ellas, están los estatutos y la obediencia debida a la asamblea», respondió a preguntas de los periodistas.

LAS FRASES«Soy viticultor de La Rioja Alta; Asaja tiene muchos asociados en esa comarca y los seguirá teniendo» «Si no hubiéramos actuado se habría perjudicado a la organización y a su credibilidad»

Barato se refirió también al origen del problema para respaldar las decisiones tomadas por la organización: «Es cierto que ha habido incidencias climáticas de todo tipo, pero también lo es que se fue muy generoso para ayudar a los viticultores». «Eso es democracia -agregó- y para ello hay que cumplir unas normas».

Palabras para la despedida

El presidente nacional de Asaja tuvo igualmente palabras de apoyo para el presidente saliente, Javier Rubio, cuya labor ya reconoció hace unos meses con su nombramiento como vicepresidente nacional: «Los últimos momentos de Javi no han sido los mejores, pero estoy seguro de que, cuando se le pase todo el 'calentón', estará orgulloso de todo lo que ha hecho a lo largo de sus ocho años al frente del sindicato».

Y es que Rubio decidió no asumir ningún tipo de protagonismo en la despedida. De hecho, se situó muy lejos de la mesa presidencial y de los focos, ocupando un discreto lugar en las últimas filas, aunque también mereció algunas de las palabras del discurso del presidente riojano, José Ignacio Ceniceros, para cerrar la asamblea. En este sentido, tras felicitar a Pérez Hoces y a la organización por su apuesta por «la juventud y la innovación», Ceniceros puso de manifiesto la 'tensión' que ha habido entre Asaja y su Gobierno en el último año: «Sabemos que la relación ha sido complicada; todos hemos cometido errores y quizá sea el momento de sacar conclusiones y, por ello, no quiero dejar de reconocer los méritos del equipo saliente».

La asamblea aprobó también, en este caso con el 80% de votos favorables, la modificación de estatutos de la organización que, entre otras cosas, permitirá a la dirección tomar medidas disciplinarias sin ser necesaria la ratificación de la asamblea y limitar a un máximo de ocho años el mandato del presidente.

 

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