Una amenaza para la salud

Cuando Samuel Hahnemann inventó la homeopatía, los médicos eran auténticos matasanos. Si sufrías una dolencia leve, podías salir de la consulta moribundo tras someterte a sangrías, purgas y otras barbaridades. A George Washington le mató en 1799 su médico cuando, para curarle un resfriado, le practicó en menos de un día varias sangrías en las que perdió más de la mitad de la sangre. Frente a eso, los remedios homeopáticos eran un avance porque no hacían nada. Si la dolencia era grave, te morías igual; si era pasajera -como un resfriado-, el cuerpo se recuperaba por sí solo. Según los principios de la homeopatía, una sustancia que provoca los síntomas de una enfermedad puede curarlos y, cuanto más pequeña es la dosis de esa sustancia, mayor es su efecto sanador. Como la cafeína provoca insomnio, para tratarlo bastan dosis infinitesimales de cafeína. ¿Cuánto hay que diluir la cafeína o cualquier otro principio activo? Tanto que en un frasco de homeopatía no hay ni una molécula de la presunta sustancia curativa. Solo agua y azúcar. Así, y no es un chiste, usted debería beberse varios universos para ingerir una molécula del principio activo de un popular remedio homeopático contra la gripe de venta en farmacias.

En los 200 años que han pasado desde que nació la homeopatía, la medicina no ha dejado de avanzar. Unida a la higiene, los sistemas de potabilización y saneamiento de aguas y el control de alimentos, ha hecho que ahora vivamos más y mejor que nunca. Y la homeopatía se ha convertido en una amenaza para la salud pública. Su inocuidad era una ventaja para muchos pacientes cuando los médicos eran matasanos; pero ahora el agua con azúcar disfrazada de medicamento resulta tan peligrosa como las sangrías en tiempos de Washington. Francesco, un niño de siete años, murió en mayo del 2017 en Italia por complicaciones de una otitis que sus padres trataron con preparados homeopáticos, en vez de antibióticos, por recomendación de un médico practicante de esa pseudoterapia. Todos los días hay en nuestro país hipertensos y diabéticos que sustituyen la medicación por homeopatía, y otros enfermos recurren a ella para tratar patologías que pueden tener un buen pronóstico si se abordan precozmente, pero muy malo si se deja pasar el tiempo.

La homeopatía no ha curado nunca a nadie. Su efectividad es la del 'cura cura sana culito de rana'. «Cualquier efecto de los productos homeopáticos en uso clínico puede explicarse por el efecto placebo, un diseño pobre del estudio, una variación aleatoria, la regresión a la media o el sesgo de publicación», sostiene el Consejo Asesor Científico de las Academias Europeas. Esa opinión, basada en numerosos estudios, la comparten las principales organizaciones científicas mundiales. En España, solo los colegios de farmacéuticos respaldan esta pseudoterapia, en contra de la ciencia y de la salud de la población.

 

Fotos

Vídeos