Una alternativa agrícola con sabor a cerveza

La Rioja es tierra de viñas, pero algunos agricultores han buscado obtener rentabilidad en otros cultivos como el lúpulo, del que actualmente se contabilizan 7,5 hectáreas en la región, concentradas en Cirueña

IÑAKI GARCÍA

La Rioja es tierra de viñas, pero también lo es de otros muchos cultivos. De hecho, en La Rioja Alta, entre patatas y vides, se localizan aproximadamente 7,5 hectáreas de lúpulo, cuya flor es uno de los componentes principales en la elaboración de cervezas.

La idea de apostar por el lúpulo en La Rioja surgió hace 25 años, cuando la patata atravesaba una dura época en la zona. Había que buscar alternativas y la Sociedad Española de Fomento del Lúpulo alcanzó un acuerdo tanto con la Consejería de Agricultura como con la Cooperativa Garu para valorar las posibilidades de implantar el cultivo de este producto en la región.

En principio, fueron dos los agricultores que se animaron, uno en Cirueña y otro en Anguciana, pero en la actualidad sólo persiste la primera de las fincas. «Comenzamos con 1,5 hectáreas para ver cómo funcionaba, después pasamos a cinco y actualmente tenemos siete y media», expone Pedro Cañas, responsable de que el lúpulo siga teniendo presencia en el campo riojano.

Toda la producción se traslada a León y de allí se distribuye a las cerveceras El granizo ha provocado que la cosecha de este año sea casi nula

Con el apoyo de la Consejería y de Garu, Cañas se embarcó en una aventura que no ha abandonado desde entonces y en la que ha ido completando un proceso de aprendizaje. «Fuimos a León para ver un poco cómo se trabajaba con esas plantas», expone. Y posteriormente trasladó esos conocimientos adquiridos a Cirueña.

La planta del lúpulo destaca por su altura y requiere algunos cuidados especiales. «Hay que hacer, por ejemplo, una poda y quitarle los brotes de la parte baja», cuenta Cañas. «Y también hay que poner guías para que todas lleven la misma dirección», apostilla. «Cuando se recoge, es necesario quitarle las piñas y hacer el secado a continuación», concluye. En dichas piñas, también llamadas conos, se halla la lupulina, el principio activo que se utiliza en la cerveza para darle amargor.

En Cirueña son dos las variedades con las que se trabaja, 'Columbus' y 'Nugget'. «Y estamos probando otras para ver cómo se adaptan», apuntilla el responsable de la explotación. La recogida tiene lugar a finales de agosto o principios de septiembre. «Depende del clima y suele durar entre 15 y 20 días», cuenta Cañas. Y una vez que se lleva a cabo todo el proceso, la producción se traslada a León. «Tenemos unos contratos firmados y nunca ha habido ningún problema», se congratula el agricultor riojano. «Después son ellos los que se encargan de distribuir todo a una cervecería u a otra», añade Cañas, quien destaca que el lúpulo, además de otorgarle amargor a las cervezas, es un «estupendo» conservante natural. «Además, se utiliza igualmente, aunque en menor medida, en temas cosméticos», remata el agricultor.

En Cirueña, el lúpulo ha encontrado unas condiciones adecuadas para su desarrollo. «Necesita unas noches frescas», apunta Cañas. Sin embargo, aparte de esta finca y de la ya desaparecida en Anguciana, nadie más se ha decidido a apostar por este cultivo. «Yo le digo que se anime a todo aquel que me pregunta», asegura el de Cirueña, quien define como «rentable» el trabajo con el lúpulo. «Aunque, como sucede con todo, hay que meter muchas horas», concluye Cañas al mismo tiempo que reconoce que la inversión inicial necesaria es alta.

A pesar de esa visión positiva del cultivo, el de Cirueña reconoce que en este año la producción ha resultado prácticamente nula por culpa del pedrisco. «Arrasó con todo porque, además, cayó en el peor momento y afectó a las puntas y a los laterales, que es donde salen las piñas, y no se ha recuperado», expone. «Esperemos que el año que viene sea mejor», apostilla Cañas, quien tiene el relevo asegurado. «Yo me voy a jubilar y se va a quedar con la plantación mi hijo», se felicita. «De hecho, puede que próximamente pongamos alguna planta más», finaliza.

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