Suelo de tierra, techo de cristal

Las mujeres al frente de una explotación agrícola apenas suponen el 20% del total en La Rioja

María Balda, viticultura de Villamediana de Iregua, en su tractor./
María Balda, viticultura de Villamediana de Iregua, en su tractor.
PILAR HIDALGO

«Casi nazco en el tractor», relata María Balda. Aquel 23 de diciembre de 1978 nevaba con ganas sobre Villamediana de Iregua, así que a su embarazadísima madre la subieron en el vehículo agrícola familiar para enfilar el camino hacia el hospital en Logroño. «El tractor derrapó y al final me bajaron en furgoneta», resuelve María, pero el destino de esta villametrense en cierto modo ya quedó marcado en su más tierna infancia.

El suyo y el de Leticia Zorzano, María José González, Raquel Ortega y otras tantas mujeres que en La Rioja se dedican al sector agrario. Naturales de distintos pueblos riojanos, desde muy pequeñas acompañaron a sus padres por el campo, jugaron a descifrar los rastros dejados por algún animal, a identificar los diversos tipos de hojas de los árboles y ayudaron a sacar a las vacas y ovejas que servían de sustento al hogar familiar o a darles de comer.

cuatro mujeres

Algunas trabajaron cierto tiempo en la industria. Pero al pie de la cadena de producción, a Leticia le vencía el aburrimiento y a María José las horas se le hacían interminables. Por eso, y porque echaban de menos el contacto con la naturaleza y su libertad, finalmente encaminaron sus pasos profesionales hacia el sector agrario. «Como le ocurría a Paco Martínez Soria, la ciudad no es para mí», ejemplifica María José, de Laguna de Cameros. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el agro en La Rioja contaba en el 2013 (último dato disponible) con 7.595 titulares jefes de explotación, de los que 823 (el 10,8%) eran mujeres.

El anterior informe del 2007 indica que hace una década la región sumaba 9.636 titulares jefes de explotación. De esta cifra, habría que llamar 'jefas' a 1.189, el 12,3% del total. En el 2005, la población femenina titular y responsable de una explotación representaba el 8,6% (858 mujeres de un total de 9.948 profesionales agrarios).

Desde hace más de una década, cerca del 10% de la población riojana al frente de una actividad agrícola o ganadera tenía nombre de mujer; si bien en los últimos años las cifras que manejan las organizaciones ARAG-Asaja y UAGR retratan que ellas protagonizan el 20% de las nuevas incorporaciones al agro riojano.

Tradicionalmente la mujer ha trabajado el campo en La Rioja y ha atendido también a la cabaña ganadera. Sin embargo, históricamente ha desempeñado su labor en un segundo plano y no ha asumido la titularidad de las explotaciones.

Visibilización

En el 2012 entró en vigor una ley promovida por el Gobierno de Zapatero para visibilizar a la población femenina ocupada en actividades agrícolas y ganaderas y que consten en registros y coticen a la Seguridad Social Agraria. La norma de la titularidad compartida permite que en las explotaciones donde hasta entonces sólo figuraba un titular, pueda haber dos: la mujer y su cónyuge. De este modo, pasa a ser una unidad económica o una sociedad limitada, donde los dos titulares comparten la titularidad al 50%; así como los beneficios, los deberes y el trabajo.

Además, sitúa a estas explotaciones en una posición preferente a la hora de recibir ayudas y subvenciones (que se reparten al 50% entre los dos titulares) y también concede prioridad a la mujer para que participe en iniciativas de formación y asesoramiento en temas agrarios.

Cinco años después de su reconocimiento, no se han satisfecho la mayoría de las muchas expectativas que despertó esta propuesta. Basta un dato: la ley echó a andar con el objetivo de que a nivel nacional 300.000 explotaciones se adhirieran a esta figura, pero hasta el 2016 (último registro disponible) tan sólo 200 se habían inscrito como tales en el conjunto de España. De ellas, únicamente 14 en La Rioja.

Casi la mitad de las solicitudes para la titularidad compartida (90) se formalizaron en Castilla y León y Castilla-La Mancha. Y es que cada comunidad exige requisitos y otorga beneficios muy diferentes y en algunas como Canarias y Madrid directamente no existe la posibilidad de la titularidad compartida.

La secretaria técnica de la UAGR, Leticia Olasolo, achaca el fracaso de la ley de titularidad compartida «a la falta de información sobre esta nueva figura legal y a que, al tratarse de un sector muy envejecido, puede que a las mujeres que ahora mismo trabajan en el agro en La Rioja no les interese acogerse a una edad avanzada a esta norma».

Olasolo señala a su vez que en la región resulta común que ambos cónyuges «trabajen de forma conjunta las explotaciones que tienen, pero que cada uno de ellos conste como titular de una».

Y es que, según afirma el coordinador de política agraria de ARAG-Asaja, Igor Fonseca, «la titularidad compartida en la práctica perjudica de cara a optar a ayudas». «Aunque de partida esta figura otorga más puntos para hacerte con ellas, manteniendo una titularidad diferenciada se puede lograr una ayuda para cada explotación, esto es, el doble que con la compartida», explica.

De este modo, Olasolo precisa que las mujeres que apuestan por introducirse en el agro «se acogen a los planes de primera incorporación» y ponen a su nombre la explotación.

El aumento de la presencia femenina en el agro riojano obedece, en opinión de Fonseca, a «las nuevas orientaciones agrarias que lo hacen más atractivo para la mujer, como la ganadería intensiva, en la que las operaciones no resultan tan costosas físicamente, y los nuevos nichos de mercado que les posibilitan poner en práctica determinadas habilidades, como el cultivo del azafrán o la recolección de hierbas aromáticas».

Leticia Zorzano vio en el 'oro rojo' «un complemento muy bueno» al viñedo, el olivo y el cereal que había heredado de su familia. Esta ingeniera agrícola y agricultora de Agoncillo se ha convertido de esta manera en la única productora y comercializadora de azafrán en La Rioja. «Intento renovar la explotación que dirijo para hacerla más rentable», asegura. Y en esto, sostiene, ser hombre o mujer tiene poco que ver. «Lo que hace falta es formación porque se tiende a explotaciones más profesionalizadas, si no no podemos resultar competitivos», declara. Así que «la mejor forma de buscar la igualdad es que nosotras mismas no nos diferenciemos», concluye a pocos días de que todo el sector celebre San Isidro.

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