Salud alerta del grave riesgo que implica el mal uso de antibióticos

El simple gesto del lavado de manos evita infecciones. :: j. rodríguez/
El simple gesto del lavado de manos evita infecciones. :: j. rodríguez

«Es el problema de salud pública más importante al que nos enfrentamos», asegura el jefe del área de enfermedades infecciosas del Hospital San Pedro

LUIS JAVIER RUIZ

Logroño. Quizá hablar de adicción sea exagerado, pero la relación de los españoles con los antibióticos es preocupante. Desde todos los puntos de vista. No solo son los europeos que más antibióticos toman, sino que el consumo crece cada año y, además, la mitad no tiene claro para qué sirven. Lo dice el último eurobarómetro de la Comisión Europea, que saca los colores a los españoles al apuntar que el 45% piensa que son efectivos frente a resfriados, gripes y dolores de garganta. El problema de fondo es que detrás de ese desconocimiento se esconde un grave riesgo de salud pública: el mal uso y abuso de antibióticos provoca que las bacterias desarrollen mecanismos de resistencia, esto es, se hacen fuertes y cada día es más complicado luchar contra ellas. Cada año fallecen en Europa 25.000 personas ante la dificultad de combatir infecciones; 300 millones lo harán en los próximos 35 años.

El problema es global. No entiende de fronteras. «Estamos poniendo en riesgo todos los logros de la medicina de las últimas décadas», alerta José Antonio Oteo, jefe del Área de Enfermedades Infecciosas del Hospital San Pedro, que traza un escenario poco alentador: «La resistencia a los antibióticos ha existido siempre», concede, «pero con el consumo y el abuso de estos fármacos el problema se ha incrementado y es el problema de salud pública más importante al que nos estamos enfrentado y al que nos vamos a enfrentar».

Oteo explica gráficamente la gestación de ese proceso de resistencia. «Es una cuestión de supervivencia. Las bacterias son organismos vivos y, como cualquier otro, quieren seguir vivas». Los antibióticos son el antídoto para acabar con ellas, pero «desarrollan mecanismos para sobrevivir y se vuelven resistentes». Así, el problema no es tanto combatir una bacteria con un fármaco, sino hacer un mal uso del antibiótico que, por un lado, no conseguirá acabar con la infección y, por otro, permitirá que la bacteria aprenda a defenderse hasta alcanzar la inmunidad.

Las consecuencias son igualmente gráficas: «No podremos tratar infecciones derivadas de la quimioterapia; salvar a un accidentado de tráfico que va a la UVI y que tiene riesgo de infectarse o salvar a los niños prematuros. Sin antibióticos eficaces no podremos salvarles y morirán de infecciones». Y un problema global, abunda Oteo, exige una respuesta global e interdisciplinar, ya que ese abuso también se da en el ámbito veterinario y agrario.

Dosis y tratamiento completo

El punto de partida no es positivo: una vez que la bacteria se hace resistente, ya no hay vuelta atrás. «Hay que racionalizar el uso de antibióticos. Hay que sensibilizar a la población para que no se consuman alegremente sin acudir al médico y que no dejen de tomarlo cuando se encuentran bien. Un proceso de infección tiene uno o varios antibióticos ideales, en una dosis adecuada y durante un tiempo determinado. Si al tercer día el paciente mejora y deja de tomarlo, las bacterias no mueren y se vuelven más resistentes», sostiene. Además, de manera paralela, «hay que invertir en investigación» para conocer los mecanismos de resistencia de las bacterias y «desarrollar nuevos antibióticos eficaces».

Pero no todo pasa por un uso correcto del antibiótico (ineficaces en procesos víricos, recuerda Oteo). También hay medidas paralelas que, como efecto colateral, reducen el consumo de estos fármacos. Por ejemplo la vacunación o cuestiones tan sencillas como el lavado de manos. «No sirve de nada que sólo un médico actúe bien, tenemos que actuar todos correctamente, incluidos los pacientes», defiende Oteo.

Ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló la jornada del lavado de manos que vinculó a la resistencia a los antibióticos. María Antonia Torres, del servicio de medicina preventiva del Hospital San Pedro, explica que ese simple gesto evita la transmisión de bacterias lo que frenará el desarrollo de infecciones. Recuerda que en diferentes unidades del San Pedro se realizó un estudio sobre la técnica del lavado de manos que permitió reducir la propagación de microorganismos multirresistentes. «Una medida tan sencilla como cambiar los hábitos y realizar un lavado de manos puede salvar vidas y no es una opción, sino que es un derecho del paciente», explica.

La base de todo son los dispensadores de solución hidroalcohólica repartidos por el complejo hospitalario. «Son 20 segundos. Como dicen en Estados Unidos, el tiempo que tardas en cantar un cumpleaños feliz».