«No educan ni los métodos ni las fichas sino nosotros, los maestros y los padres»

L'Ecuyer, ayer en Riojafórum. :: juan marín/
L'Ecuyer, ayer en Riojafórum. :: juan marín

Catherine L'Ecuyer Divulgadora educativa

LUIS JAVIER RUIZ

La gran protagonista del estreno de la jornada 'La Educación que queremos para La Rioja' fue Catherine L'Ecuyer. Abogada, natural de Quebec (Canadá) y residente en Barcelona, se ha convertido en una especie de gurú en temas educativos. Ayer cautivó a los presentes en Riojafórum con una oratoria tranquila en la que reclamó respetar los ritmos de los más pequeños y dejarles que se asombren durante el proceso de descubrimiento de la realidad.

La jornadas abordan la educación que queremos en La Rioja. ¿De dónde venimos y a dónde vamos?

Venimos de una educación más bien conductista cuyos ejes son la repetición, la memorización y la jerarquía como única fuente de conocimiento. Estamos en un momento educativo delicado, porque es tentador ir al otro extremo, demonizando la memoria, el conocimiento, el esfuerzo, la autoridad y despojando de su papel al profesor. Ambos extremos son problemáticos.

¿Qué papel debe jugar el asombro en la educación? ¿Debería ser uno de los pilares sobre el que construir el edificio educativo?

El pilar sobre el que se construye el edificio educativo es el niño, y el niño es un ser asombrado. Por lo tanto, educar sin contar con su asombro es, en el mejor de los casos, una pérdida de oportunidad educativa. Y en el peor de los casos, sería considerar al niño como un cubo vacío en el que vamos metiendo información por la fuerza. Ese es el paradigma del conductismo, que ve al niño como una ente sin interioridad y movible desde fuera.

La educación está totalmente reglada, estructurada con etapas y objetivos. ¿Sería conveniente, sobre todo en las primeras etapas, menos encasillamiento, menos objetivos, menos ritmos marcados por los adultos para los niños?

Hay que matizar por etapas. En Infantil, no tiene sentido concebir la educación en esos términos, sencillamente porque no es etapa para la educación formal. En esa etapa los niños deben aprender cada uno a su ritmo y a través del juego desestructurado. Me parece bien que haya objetivos en esas edades, pero esos han de adaptarse a cada niño, no tienen sentido los 'hitos' educativos colectivos. En la etapa de la educación formal no estoy en contra de una cierta estructura y defiendo la educación basada en el conocimiento. Resulta que los conocimientos no se aprenden por arte de magia. Llegamos a ellos a través del asombro, pero eso no excluye la necesidad de dejarse medir por la realidad, que requiere esfuerzo y templanza. No hay contradicción entre asombro y conocimientos. Lo que asombra es la realidad y el asombro se define como el deseo de conocer.

En su exposición hablaba de la necesidad de respetar los ritmos.

Sí, inofensivas series infantiles tienen 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto. Después de ver eso, el niño ve la realidad, que es lenta, y todo le aburre. Por eso los niños se aburren tanto...

¿E Internet? ¿No puede acabar con esos ritmos a los que hacía referencia al ofrecer semejante volumen de información?

Internet es una herramienta maravillosa para una mente madura que sabe lo que está buscando, que sabe por qué lo está buscando y que tiene la fortaleza y la templanza para no distraerse por el camino. Conectar una mente inmadura a Internet, es lo mismo que darle de beber de una boca de incendio.

¿Cuándo considera que una persona tiene la madurez suficiente para poder estar en Internet?

Cuando tenga la cabeza suficientemente amueblada para gestionar la información que se le presenta. El papel de la educación es precisamente este, ayudar al niño a desear lo deseable, como decía Platón. Es deseable lo bueno, lo verdadero y lo bondadoso. ¿Internet puede asumir el papel de transmitir lo que es bueno, verdadero y bondadoso a una mente aún inmadura? ¿Puede ayudar a una mente inmadura a desarrollar su sentido de la relevancia? Si consideramos que Internet hace ese trabajo mejor que un ser humano, quizás es que nos falta un poco, o mucho, de autoestima a los educadores.

¿Qué le diría a los padres, maestros, para que se den cuenta de la importancia de su trabajo?

Que no educan los métodos y las fichas. Educamos nosotros los maestros y los padres a través de quienes somos. Todo lo que hacemos, decimos y expresamos a través de nuestra mirada tiene un sentido educativo, incluso cuando no somos conscientes de ello. Educar puede ser poco agradecido porque no vemos siempre los resultados inmediatamente. Pero es algo grande, porque todo lo que sembramos en nuestros hijos y alumnos deja un rastro en sus almas.

 

Fotos

Vídeos