El verano tórrido hace estragos en Alemania

Un grupo de adolescentes se refresca del sofocante calor en una fuente frente a la Catedral de Berlín. :: Fabrizio Bensch / reuters
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Un grupo de adolescentes se refresca del sofocante calor en una fuente frente a la Catedral de Berlín. :: Fabrizio Bensch / reuters

El país se enfrenta mal preparado a una ola de calor récord cuyos efectos se notan ya en los cultivos, los bosques, el transporte y la economía

MARÍA MOLINOS BERLÍN.

Alemania está atravesando un verano como pocos recuerdan. El tercero más cálido desde que se tiene registro. A una primavera veraniega ha seguido una temporada estival extremadamente seca y con máximas por encima de los 30 grados y en ocasiones próximas a los 40, una anomalía cada vez más disruptiva y problemática. En multitud de frentes.

El pasado martes fue el día más cálido del año en el país germano. En Bernburg, en el este, se alcanzaron los 39,2 grados, según el Servicio Meteorológico Alemán (DWD). A apenas unas décimas de la máxima histórica nacional, los 40,3 grados. Berlín registró ese día su primera noche tropical, en la que el mercurio no bajó de los 25 grados. Y no hay signos de que la situación vaya a remitir en breve. Al efecto contagio por la ola de calor que azota España y Portugal se suma al anticiclón que lleva durante semanas asentado en la península escandinava.

El país, más acostumbrado a combatir los rigores del invierno, apenas sabe cómo afrontar este verano mediterráneo. Algunos supermercados han retirado los chocolates de sus estanterías porque no pueden mantenerlos en buen estado. Entretanto, otros centros comerciales ofrecen minutos en sus cámaras frigoríficas para los más acalorados.

El nivel de los ríos ha descendido y a localidades próximas a Fráncfort se lleva el agua en cisternas

Pero esto supera lo anecdótico. Nunca desde que se recopilan estadísticas había sido más cálido el período entre abril y julio, según la DWD. Junio y julio han estado 2,5 grados por encima de la media. A lo que se añade la falta de precipitaciones, frecuentes en primavera y no extrañas en verano. Lo que en un principio se asumió como un golpe de suerte, está empezando a asomar su rostro más severo. Y han empezado a sonar las alarmas.

El campo ha sido el primero en advertir sobre las consecuencias. La Federación Alemana de Agricultores (DBB) ha anunciado que la cosecha de este año será «desastrosa». La «extrema sequía» se está convirtiendo en una «amenaza existencial». La producción podría caer «como mínimo un 20%», según Joachim Rukwied, presidente de la Asociación de Agricultores Alemanes (DBV). Este colectivo ha rebajado ya dos veces sus pronósticos de producción para el conjunto de 2018. Las vacas producen menos leche. Las patatas son más pequeñas. La vendimia se ha adelantado más de un mes en algunas regiones. Los expertos anticipan un repunte del precio del pan, las patatas y los productos lácteos. Además, han previsto que los pastos escaseen, lo que repercutirá en el coste final de multitud de productos agropecuarios.

El sector primario ha exigido ya ayudas públicas de 1.000 millones de euros para capear la sequía. Pero el Gobierno alemán ha pedido calma. Primero hay que evaluar los daños. A finales de agosto se tendrá listo un informe y se empezarán a tomar decisiones, en las que Berlín quiere involucrar financieramente a los Estados federados y a Bruselas.

Las condiciones climatológicas han provocado incendios, una plaga veraniega en otras latitudes, pero infrecuente en Alemania. De hecho, pese a su tamaño y sus masas forestales, el país no cuenta con hidroaviones.

Incendio cerca de Berlín

La semana pasada se declaró un fuego cerca de Berlín que arrasó un centenar de hectáreas de bosque y obligó a cortar temporalmente dos autopistas. Fue un primer aviso de lo que podría llegar a pasar, según los ecologistas. Las calles de ciudades como la capital están cubiertas de hojas secas como si fuese otoño. Muchas regiones boscosas no están mejor. La sequía está afectando también el consumo humano en un país con tradicionales excedentes de agua, debido a sus abundantes precipitaciones y caudalosos ríos que cruzan su territorio, del Rin al Elba, pasando por el Danubio. A algunas poblaciones en las cercanías de Fráncfort se está llevando agua potable en grandes cisternas desde hace días. Las fuentes públicas se han cerrado para ahorrar.

La economía también se resiente. El importante sector logístico fluvial está teniendo problemas, porque el nivel de algunos ríos ha bajado tanto que en algunos tramos las barcazas no pueden circular muy cargadas y en otros se ha prohibido el paso. Además, en algunas arterias como el Elba, el marcado descenso del agua ha hecho que afloren municiones abandonadas de la II Guerra Mundial, muy peligrosas por su grado de deterioro.

También se han registrado disrupciones en autopistas, donde el asfalto ha saltado en algunos puntos. Varios trenes de medio y largo recorrido han tenido parar en medio de sus trayectos tras el colapso de sus sistemas de aire acondicionado. El aeropuerto de Hannover cerró temporalmente el 25 de julio después de que el calor rompiese algunas planchas de la pista de aterrizaje.

LA CLAVE

1.000 millones de euros ha pedido el sector primario al Gobierno alemán para afrontar la sequía. Se estima que la producción agrícola caerá, como mínimo, el 20%.

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