Nueva crisis migratoria en Grecia

Un grupo de migrantes espera en la vía férrea que une Grecia con Macedonia./REUTERS
Un grupo de migrantes espera en la vía férrea que une Grecia con Macedonia. / REUTERS

Erdogan presiona a Bruselas para conseguir nuevos fondos y manos libres en Siria permitiendo que el flujo de personas que cruzan el Egeo crezca un 50% respecto al año pasado

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

El pasado 29 de agosto en la costa norte de la isla griega de Lesbos se vivió una situación desconocida desde marzo de 2016, cuando la Unión Europea y Turquía firmaron un acuerdo para poner fin a las llegadas masivas de refugiados a través del mar Egeo. Aquel día en alrededor de una hora arribaron a esta isla helena situada frente a las costas turcas 13 lanchas neumáticas que llevaban a bordo a 547 personas. Fue el momento álgido de la nueva etapa de la crisis migratoria que se vive en Grecia. En lo que llevamos de año y hasta el pasado 10 de septiembre, han llegado a al país europeo 35.000 desplazados (30.000 por mar), una cifra casi un 50% superior a la registrada en el mismo período del año anterior, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). La llave del flujo de personas que cruzan el Egeo la tiene el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que amenaza con abrir las puertas del Viejo Continente a los más de 4 millones de refugiados acogidos en el país, de los que 3,6 millones son sirios.

«Turquía le está recordando a la Unión Europea el papel crítico que juega, aunque lo está haciendo sin pasar unas ciertas líneas rojas para que no resulte excesivo», comenta Thanos Dokos, director general de la Fundación Helénica para las Políticas Europeas e Internacionales, en un artículo publicado en el diario griego 'Kathimerini'. Asfixiado por una opinión pública local cada vez más incómoda con los refugiados, Erdogan ha optado por aumentar la presión migratoria sobre las islas griegas para conseguir un doble objetivo. El primero es lograr que Bruselas pase de nuevo por caja y prolongue las ayudas económicas prometidas cuando se firmó el acuerdo de 2016. La UE se comprometió entonces a gastar 6.000 millones de euros para atender a los refugiados que viven en el país euroasiático. El segundo objetivo de Erdogan es obtener el apoyo europeo para crear un área en Siria bajo control turco que le serviría a Ankara para poner tierra de por medio entre sus fronteras y la zona controlada por las fuerzas kurdas. Si Bruselas no cumple con ambas exigencias, Turquía «abrirá las puertas», amenazó Erdogan la semana pasada.

LAS CLAVES

Doble objetivo.
Ankara quiere conseguir más ayudas económicas comunitarias y tener las manos libres en Siria

El cambio de postura del Gobierno turco va a tener su punto culminante con la expulsión de Estambul de todos los refugiados que están registrados en otras partes del país o que se encuentran en situación irregular. Tienen hasta finales de octubre para dejar la antigua Constantinopla. Esta amenaza «puede haber motivado la nueva oleada de personas que cruzan a Grecia para buscar refugio», explica Berkay Mandiraci, analista del International Crisis Group. Muchos de los sirios y afganos que viven hoy en Turquía se dirigieron a Estambul pensando que podrían ganarse la vida en esta megalópolis, pero las dificultades económicas que sufre el país habrían contribuido a su decisión de seguir camino hacia Europa. «La atmósfera general en Turquía se ha hecho también más hostil. Los turcos de una u otra ideología están en contra de la presencia de sirios en el país», asegura Mandiraci. A su juicio, no hay motivos para pensar en una reducción de los flujos de refugiados e inmigrantes hacia Grecia en los próximos meses. «Las dificultades económicas y el sentimiento contra ellos continuarán», advierte. A estos elementos se unen el ultimátum para dejar Estambul y la situación en la provincia siria de Idlib, escenario de una intensa ofensiva por parte del régimen de Bashar al Assad que ha provocado ya más de 600.000 desplazados. Erdogan teme que muchos de ellos acaben en Turquía.

El Gobierno griego, liderado por el conservador Kyriakos Mitsotakis, no ha dado señales de tener capacidad para responder a una nueva oleada migratoria. Los cinco centros de acogida con que cuentan las islas del Egeo están atestados y en una situación de emergencia humanitaria, como denuncian repetidamente las ONG. En el campamento de Moria, situado en Lesbos, malviven unas 10.000 personas, tres veces más de su capacidad. Las llegadas de las últimas semanas, sobre todo protagonizadas por afganos, han aumentado la presión en estos centros en los que casi nada ha mejorado desde la emergencia de 2015 y 2016, cuando más de un millón de personas cruzaron el Egeo para tratar de llegar a Europa.

Los rescatados por el 'Ocean Viking' podrán desembarcar en Lampedusa

Los 82 inmigrantes a bordo de la nave 'Ocean Viking', fletada por las ONG por Sos Mediterranée y Médicos Sin Fronteras, recibieron este sábado permiso de las autoridades italianas para desembarcar en la isla de Lampedusa. 50 de ellos habían sido rescatados hace seis días por este barco de las organizaciones humanitarias después de zarpar desde las costas libias, mientras que los otros náufragos fueron transferidos posteriormente desde otra embarcación. El nuevo Gobierno italiano, que promueve un sistema europeo de reparto automático de los inmigrantes que son socorridos en el Mediterráneo, no dio luz verde al desembarco de los náufragos del 'Ocean Viking' hasta que otras naciones de la UE se comprometieron a hacerse cargo de ellos. Aunque la forma de actuar fue similar a la del Ejecutivo anterior, cuando Matteo Salvini era ministro del Interior, éste puso el grito en el cielo por la actuación del nuevo Gobierno. «Estos están locos. Esto es la rendición», aseguró, atacando en especial al primer ministro, Giuseppe Conte, al que acusó de haberse vendido a los intereses de otras naciones europeas. Dijo que Conte pretende convertir Italia en un «campamento para desplazados» y animó a los alcaldes a negarse a acoger a los inmigrantes.

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