La violencia vuelve a París cuando los 'chalecos amarillos' cumplen cuatro meses

Los 'chalecos amarillos' protagonizan disturbios en las inmediaciones del Arco del Triunfo de París. / AFP

Los destrozos y saqueos vividos este sábado en la capital francesa acallan a quienes habían dado por muerta a la ola contestataria

PAULA ROSASCorresponsal. París

Cuando parecía que el movimiento de los 'chalecos amarillos' había sido dado por muerto, las escenas de extrema violencia que protagonizaron este sábado en el corazón de París recordaron que aún no han dicho la última palabra. Los «ultraviolentos», como los calificó el ministro del Interior, prendieron fuego a varios locales y kioscos, poniendo en peligro la vida de varias personas, destrozaron y saquearon comercios de lujo y restaurantes en los Campos Elíseos, y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad durante gran parte del día, mientras el presidente Emmanuel Macron pasaba una jornada de esquí en los Pirineos franceses, que decidió acortar para regresar al Elíseo.

Más de 60 personas fueron heridas y 150 detenidas a lo largo de una jornada que los manifestantes habían concebido como un «ultimátum» a Macron y justo el día después del final del gran debate nacional impulsado por el presidente para definir y buscar respuestas a los retos sociales de Francia. Tras el declive progresivo de la participación en las manifestaciones de los últimos sábados -el anterior tan solo congregó a 28.000 personas en toda Francia-, este sábado se presentaba como crucial para dar un nuevo impulso al movimiento. Éric Drouet, una de las controvertidas caras visibles de los chalecos amarillos, advertía en las redes sociales que sería el último sábado de manifestación para él. A partir de entonces, «habrá acciones de verdad. Tendremos que proponer bloqueos».

Como todos los sábados desde hace ya cuatro meses, los violentos acabaron por monopolizar la atención durante la jornada, aunque este sábado de forma tan destructiva y explosiva como no se veía en París desde el pasado diciembre. A media tarde, varios puntos ardían en los Campos Elíseos, donde grupos de cientos de vándalos, «perfectamente organizados», según las fuerzas de seguridad, saqueaban tiendas de lujo, principalmente de ropa y de tecnología. El conocido restaurante Fouquet's, donde Nicolas Sarkozy celebró su victoria en las presidenciales, era saqueado por la mañana, y quemado por la tarde. El incendio de una sucursal bancaria causó once heridos entre los vecinos del inmueble, donde una mujer y su bebé tuvieron que ser rescatado por los bomberos. Coches, motos, patinetes eléctricos, maquinaria de obra, vehículos de las fuerzas de seguridad y kioscos de prensa sucumbieron a las llamas, mientras los violentos se enfrentaban con adoquines y todo tipo de proyectiles a la policía en los alrededores del Arco del Triunfo.

«Hoy, varios miles de vándalos han venido a París para enfrentarse con las fuerzas del orden, con los símbolos del Estado, con la propiedad privada, con la democracia», dijo este sábado el primer ministro, Édouard Philippe, quien denunció la complicidad de aquellos que excusan la violencia. Ante el vandalismo, el Gobierno se encuentra acosado por dos flancos. Por un lado la derecha y la extrema derecha le exigen medidas más contundentes para evitar actos como los de este sábado, mientras que la izquierda acusa las autoridades de utilizar una fuerza desproporcionada con los manifestantes. Desde que comenzaron las protestas, hace cuatro meses, cientos de personas han sido heridas, algunas de ellas de gravedad, por el material que utilizan los antidisturbios.

AGENCIAS