Grecia: Todo sigue igual

La tercera comparecencia ante las urnas en lo que llevamos de año se han saldado con más de lo mismo: pocas sorpresas y mucha incertidumbre, y no tanto para formar Gobierno pero sí mucha incertidumbre sobre el futuro inmediato

DIEGO CARCEDO

Hace bastantes siglos los griegos inventaron la democracia pero actualmente parece que están ensayando la mejor manera de marearla. La tercera comparecencia ante las urnas en lo que llevamos de año se han saldado con más de lo mismo: pocas sorpresas y mucha incertidumbre, y no tanto para formar Gobierno, que a la vista de los resultados no será muy difícil, pero sí mucha incertidumbre sobre el futuro inmediato, en que la gestión de la austeridad que impone el nuevo rescate pactado con Bruselas seguirá en manos de sus enemigos más declarados.

Quizás la primera conclusión que cabe extraer de la aritmética electoral sea el cansancio y el desánimo que refleja. En Grecia el voto es obligatorio y a pesar de ello, y a pesar de la importancia que estas elecciones tendrán para todos -jóvenes y mayores, hombres ny mujeres, ricos y pobres- sólo votó el 54,5 por ciento del censo, cerca de diez millones; una participación nuevo puntos inferior a las anteriores. Es el porcentaje más bajo de votantes en la historia de la democracia griega y probablemente la participación más reducida entre los países donde existe la obligatoriedad del voto.

El triunfo de Syriza, el partido populista que gobernó en medio de avatares diversos los últimos seis meses, era esperado pero no tan claro, por encima del 35 por ciento según los primeros resultados y unos 144 escaños. Los vaivenes de la política que llevaron a su líder, Alexis Tsipras, a acabar convocando un referéndum contra el rescate que se estaba negociando y que luego aceptándolo después de haber sido rechazado por los ciudadanos - lo cual llevó al partido a una escisión- no le ha pasado la factura electoral que se sospechaba.

Unidad Popular, el nuevo partido formado por los líderes discrepantes de Syriza no ha llegado al tres por ciento de los votos lo cual les deja excluidos del nuevo Parlamento. El segundo partido ha sido Nueva Democracia, el partido de centro derecha que en las últimas décadas se alternó en el poder con el socialista Pasok. Obtuvo alrededor del 28 por ciento y en torno a los 75 escaños. Mejoró sensiblemente pero: la mayoría está en 151 y como son muchos los partidos que han obtenido representación, no será difícil que Tsipras pueda encontrar algunos dispuestos a pactar, aunque el reto cara al futuro sea muy comprometido.

Para empezar, quizás podría intentarlo con Griegos Independientes, de derechas pero como Syriza anti europeístas, con quienes gobernó estos meses convulsos. Pero también podría intentarlo con los comunistas, que han logrado el 5.5 por ciento o, aunque más difícil, con el propio PASOK muchos de cuyos líderes están deseosos de volver a tocar el poder. Nueva Democracia quedó a mucha distancia como para aspirar a formar una mayoría aglutinando a todo el resto de la Cámara. Aparte que ni Syriza ni Nueva Democracia podrían pactar con los neonazis.

Amanecer Dorado, y aquí está otro de los elementos más interesantes -y al mismo tiempo preocupantes- que muestran estas elecciones, ha conseguido el tercer lugar entre tantos partidos como contendían, con un 7,5%. Amanecer Dorado, extrema derecha, seguidor de las tesis xenófobas, autoritarias y violentas de Hitler, es un producto peligrosamente radical de la crisis y ha confirmado con este respaldo el deterioro que sufre la democracia en Grecia, precisamente en unos momentos en que su fortaleza se vuelve más necesaria.