Trump ya tiene un Supremo a su medida

Cientos de personas se manifestaron ayer en Washington ante las escalinatas del Tribunal Supremo para mostrar su rechazo por la nominación. /  CHRIS KLEPONIS / AFP
Cientos de personas se manifestaron ayer en Washington ante las escalinatas del Tribunal Supremo para mostrar su rechazo por la nominación. / CHRIS KLEPONIS / AFP

Los republicanos se cuadran al confirmar a Kavanaugh como miembro del alto tribunal en medio de un gran rechazo social

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

En la era del #MeToo, dos hombres acusados de abusos sexuales han sido elegidos para los cargos más altos de Estados Unidos: Donald Trump y Brett Kavanaugh. Al tratarse de un puesto vitalicio, lo previsible es que este último, de 53 años de edad, decida las cuestiones vitales del país por mucho más tiempo que el primero, limitado constitucionalmente a un máximo de ocho años.

Su confirmación, ayer, por 50 votos a 48, representa el margen más pequeño que haya tenido nunca la elección de un juez del Supremo. Aún así, no hay duda de que esto es «un puñetazo en el estómago», admitió ayer el congresista demócrata Adam Schiff. «Es el golpe más duro que hemos recibido desde la elección de Donald Trump». Si algo suavizó para Schiff el sinsabor de esa investidura presidencial fueron los millones de personas que salieron al día siguiente a las calles para unirse a la Marcha de las Mujeres. Muchas de ellas se manifestaron ayer en las escalinatas del Tribunal Supremo, a un costado del Capitolio, en un último intento de convencer a los senadores de que no sentaran en el máximo tribunal a un hombre que, al margen de las acusaciones de abusos sexuales, «no demostró tener la humildad y el temperamento que se espera de un juez del Supremo», dijo ayer el senador Chris Van Hollen, al explicar su voto en contra. Algunas incluso se colaron en la cámara e interrumpieron la votación al grito de «¡Vergüenza!».

Lejos de mostrar la neutralidad política de la que hacen gala los nueve miembros del máximo tribunal, durante su audiencia Kavanaugh atribuyó las acusaciones en su contra a «la histeria de la izquierda». En su opinión todo ha sido un «esfuerzo calculado» para asesinarle políticamente «como revancha» por la elección de Donald Trump en 2016, orquestado «en nombre de los Clinton y de los millones de dólares que han metido grupos opositores de izquierda», afirmó en su testimonio.

LA CLAVEEl juez no ha admitido ninguna falta y ha luchado contra las mujeres que le acusan de abuso sexual

Por su mesa pasarán ahora todas demandas que se interpongan contra las políticas de Trump y puede que hasta su 'impeachment', por lo que semejante acusación horrorizó a cuantos esperan neutralidad política de los tribunales. El juez retirado del Supremo John Paul Stevens le denegó públicamente su apoyo y sugirió que se inhiba en ese tipo de casos, por lo que recomendó por primera vez en sus 98 años de vida un voto en contra.

El efecto colateral de la confirmación más reñida de la historia es la galvanización de las bases. El líder del Senado, Mitch McConnell, dio las gracias ayer, socarrón, «a las turbas» de mujeres que han protestado intensamente, porque «han conseguido lo único que nos estaba costando trabajo lograr, entusiasmar a nuestras bases».

Un héroe masculino

El 84% de los republicanos quería que Kavanaugh fuese confirmado, según una encuesta de Gallup. Siguiendo los consejos de Trump, el juez no ha admitido ninguna falta y ha luchado agresivamente contra las mujeres que le acusan. Con ello ha logrado conectar con la rabia de los hombres que se sienten acosados por el #MeToo y se ha convertido en un héroe masculino, a un mes de las elecciones legislativas del 6 de noviembre. Hasta hace poco el 60% de los republicanos pensaba que era importante votar en esos comicios, frente al 82% de los demócratas. Hoy el entusiasmo electoral está prácticamente igualado. «Ha sido un gran regalo político», se ufanó ayer McConnell.

Como en el caso de Trump, los demócratas reaccionaron acariciando el sueño de un 'impeachment', que nunca ha sido posible con un juez del Supremo. Si una investigación concienzuda que el FBI no pudo realizar, por haber recibido directrices de limitarse a los testigos que ya estaban mencionados, demostrase que el juez mintió bajo juramento se podría justificar la apertura de un proceso para sacarle del banquillo. Para eso sería necesario que recuperasen el control de las Cámaras, una posibilidad remota que se ha alejado aún más con la polémica de este proceso de confirmación.

Tras evaluar la influencia que ha tenido en el mapa electoral, 'The Washington Post' concluyó ayer que «los demócratas siempre habían enfrentado un mapa difícil, pero ahora el camino es aún más incierto». Prueba de que en estos tiempos agitados lo que cosecha votos es alinearse con las bases es que, tras anunciar que votaría a favor de confirmar a Kavanaugh, los republicanos se lanzaron a apoyar la reelección en 2020 de la senadora Susan Collins. La recaudación alcanzó los tres millones de dólares (2,6 millones de euros) antes de que la página web colapsara.

Con menos tiempo para ganarse la victoria que necesita el mes que viene, el senador Joe Manchin se convirtió en el único demócrata en apoyar a Kavanaugh. Trump ganó casi el 70% de los votos en su Estado, West Virginia. Votar en contra habría sido un suicidio político. Y en este proceso no ha habido más héroes que Christine Blasey Ford, la mujer que se atrevió a declarar contra Kavanaugh «no porque quiera, estoy aterrada», confesó bajo juramento, «sino porque creo que es mi obligación cívica». Miles o millones de mujeres se preguntan hoy si su sacrificio valió la pena.

 

Fotos

Vídeos