Trump aprovecha la máxima debilidad de la economía turca para asfixiar a Erdogan

Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan, en la cumbre de la OTAN del pasado julio en Bruselas.:: tatyana zenkovich / afp/
Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan, en la cumbre de la OTAN del pasado julio en Bruselas.:: tatyana zenkovich / afp

Con un tuit, el presidente de EE UU hunde la divisa turca para forzar a Ankara a liberar a un religioso y ofrecer el éxito a sus votantes evangélicos

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Turquía descubrió ayer que en los tiempos digitales no hacen falta tanques ni misiles nucleares para atacar a un país. Bastó con un tuit de Trump para que la malograda lira turca cayese un 19%, una vez que el presidente de EE UU anunció que doblará a este país los aranceles del acero al 50% y del aluminio al 20%. «Nuestras relaciones con Turquía no son buenas en este momento», sentenció.

El tuit presidencial saltó a las redes justo en el momento en que el ministro de Economía y yerno del presidente Recep Tayyip Erdogan presentaba un plan para salir del entuerto en que se encuentra la economía nacional. «Nos estamos enfrentando hoy a un ataque económico y necesitamos defender a nuestro país», dijo el jefe del Estado turco en un discurso televisado a la nación en el que denunció la «guerra económica» que sufre. «Cambiad los euros, los dólares y el oro que estéis guardando debajo de la almohada y metedlo en liras en los bancos», ordenó a sus ciudadanos, según Associated Press.

Esta vez lo que mueve a Trump no es la balanza comercial entre los dos países, que es muy favorable para EE UU, sino el voto evangélico que necesita para las elecciones de noviembre. Turquía se ha negado a dejar en libertad a un pastor de Carolina del Norte detenido hace dos años y medio que se ha convertido en un mártir para la comunidad evangélica estadounidense. Trump creyó tener un trato para liberarlo cuando convenció al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para que deportase a una mujer turca que tenía presa por facilitar ayuda clandestina a los palestinos. El Gobierno de Erdogan respondió liberando al pastor Andrew Brunson bajo fianza, pero el arresto domiciliario con un brazalete electrónico a la espera del juicio no fue suficiente para la Casa Blanca. El vicepresidente, Mike Pence, dejó claro en declaraciones a Fox que el Gobierno turco debía retirar todos los cargos y permitirle volver a Estados Unidos.

Turquía reaccionó desafiante a las sanciones que el Tesoro impuso la semana pasada a sus ministros de Interior y Justicia. La reunión a puerta cerrada que representantes de ambos ejecutivos sostuvieron el jueves en Washington no parece haber servido para mejorar las cosas.

Huida hacia adelante

La guerra entre dos aliados de la OTAN provocó un desplome de las acciones de las principales empresas turcas que cotizan en Bolsa y llevó al euro a su nivel más bajo de los últimos trece meses. A todos los europeos que viven en el extranjero con un sueldo en euros, Trump les acababa de bajar el salario con un tuit. Turquía baraja pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque la forma más fácil de resolver el problema sería rebajar las tensiones con Washington, Erdogan eligió una huida hacia adelante. Ayer mismo llamó al presidente ruso, Vladímir Putin, con el que discutió los lazos económicos y comerciales de ambos países, según el comunicado del Kremlin.

En la picota está también la colaboración militar de EE UU y la OTAN con un país que parece gravitar hacia la órbita rusa, a pesar de alojar en su territorio la base área de Incirlik que se ha usado intensamente para la lucha contra el Estado Islámico. La semana pasada un grupo de abogados progubernamentales presentaron cargos contra los soldados estadounidenses destacados allí y solicitaron al juez que bloquease temporalmente todos los vuelos que salen de la instalación, además de expedir órdenes de arresto para los oficiales de EE UU a los que acusa de haber participado en el fallido golpe contra Erdogan en 2016.

El presidente turco, que ha consolidado su poder como un dictador, se muestra resentido con Occidente por la falta de apoyo a sus medidas. La compra a Rusia de un reactor nuclear y misiles S-400 para defensas aéreas fue un aviso a la OTAN de que puede perder a uno de sus aliados más antiguos y claves en la guerra contra el Estado Islámico.

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