Suecia vota seducida por la ultraderecha

Decenas de simpatizantes acuden a un mitin del candidato de ultraderecha, Jimmie Akesson, en la ciudad sueca de Landskrona, en el sur del país. :: afp/
Decenas de simpatizantes acuden a un mitin del candidato de ultraderecha, Jimmie Akesson, en la ciudad sueca de Landskrona, en el sur del país. :: afp

El discurso contra la inmigración cala en el país nórdico y sobrevuela las elecciones legislativas de hoy

IVIA UGALDE

Tradicionalmente, Suecia ha sido para Europa una inspiración. Es el país más feliz del mundo, por detrás de Dinamarca, según Naciones Unidas, goza de uno de los modelos de protección social más avanzados del planeta y se ha caracterizado siempre por ser pionera en igualdad y solidaridad. Sin embargo, en los últimos años, el idílico reino se ha transformado. Donde antes regía una de las políticas de asilo más generosas y se registraban las mayores acogidas de inmigrantes de toda la UE, ahora se cierran puertas y crece la xenofobia. De ese sentir ha sabido sacar rédito la extrema derecha, que acude hoy a las elecciones legislativas como un huracán.

Bajo la denominación de Demócratas de Suecia (SD), la formación ultra ha transformado en apoyos el malestar popular por el aumento de la delincuencia, la criminalidad y las deficiencias del sistema sanitario y educativo. El partido achaca los problemas a la masiva llegada de refugiados y se presenta como la solución, a la par que defiende un referéndum para salir de la UE. Las encuestas lo sitúan en plena disputa por el segundo puesto con los conservadores, con alrededor del 20% de los votos, según el instituto Skop, mientras que los socialdemócratas del primer ministro, Stefan Löfven, alcanzarían poco más del 23% de las papeletas y volverían a tener serias dificultades para gobernar.

El ascenso de la ultraderecha en Suecia es un fenómeno que se sigue con preocupación en Bruselas desde que en 2010 lograron el 5,7% en las elecciones y entraron por primera vez en el Parlamento, de 349 escaños. Cuatro años después, regresaron convertidos ya en tercera fuerza política gracias al 12,9% de los respaldos obtenidos. Y ahora, si los pronósticos no fallan, repetirán su gesta de duplicar el número de votos en cada cita con las urnas. Un éxito que, sin duda, se debe a la astucia del líder del SD, Jimmie Akesson, de 39 años.

Desde que llegó a la presidencia del partido en 2005, Akesson ha realizado un lavado de cara para borrar el pasado nazi de una agrupación nacida en 1988 en Malmö, fruto de una reunión a la que asistieron tránsfugas nacionalsocialistas y exvoluntarios de las SS. El giro transformador se inició al romper la pasada década los lazos con supremacistas blancos y siguió, en 2012, con la política de «tolerancia cero contra el racismo y el extremismo», que conllevó la expulsión de los militantes más radicales, entre ellos casi toda la rama juvenil, que ha fundado otro partido: Alternativa por Suecia, emulando al AfD alemán.

La extrema derecha ha hecho de la inmigración su punta de lanza en campaña, consciente de que es la principal inquietud del país nórdico, junto con la salud y la educación. Así lo afirma Patrik Öhberg, experto en política sueca de la Universidad de Gotemburgo, quien explica a Euronews que «la gente está cada vez más preocupada». La población tiene miedo por el aumento de la violencia y el crimen organizado en los suburbios de las principales ciudades, donde viven los desplazados.

Aunque el descontento se ha manifestado contra los partidos tradicionales, es la socialdemocracia la que más críticas ha recibido por su gestión del gran flujo migratorio de 2015, cuando el país dio asilo a 163.000 inmigrantes. Fue la mayor acogida en la UE en términos per cápita ya que la población sueca es de 10 millones. Pese a que luego el Gobierno instauró controles fronterizos, concedió solo permisos temporales y puso límites a la reagrupación familiar, su reacción se considera que llegó tarde. No en vano, se prevé que la mítica formación que ha estado en el poder desde 1932 -salvo dos mandatos de los Moderados (conservadores)- encaje hoy el peor resultado de su historia.

Si los socialdemócratas consiguen ser el partido más votado, se verán obligados a pactar con otras formaciones, como ya hicieron con los Verdes para gobernar en minoría la pasada legislatura, una de las más convulsas que se recuerdan. En cualquier caso, la incertidumbre es total ya que parece tambalearse el consenso político de no negociar con la extrema derecha a medida que crecen las voces entre los Moderados que abogan por dialogar con el SD. No obstante, el líder de los conservadores, Ulf Kristersson, rechaza esa posibilidad y se inclina por intentar formar ejecutivo con sus socios de la Alianza (centristas, liberales y cristianodemócratas).

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