Sudáfrica saluda a Cyril Ramaphosa

Cyril Ramaphosa jura, ayer, su cargo como nuevo presidente de Sudáfrica. :: reuters/
Cyril Ramaphosa jura, ayer, su cargo como nuevo presidente de Sudáfrica. :: reuters

El nuevo presidente jura su cargo tras la dimisión de Zuma, junto al que ha servido como número dos desde hace tres años

GERARDO ELORRIAGA

Cyril Ramaphosa se convirtió ayer en el nuevo presidente de Sudáfrica, el país más rico del continente negro. El Parlamento lo eligió tras la dimisión del predecesor Jacob Zuma y su conversión en el candidato del Congreso Nacional Africano (CNA), el partido gubernamental. El relevo era esperado desde que, hace un par de meses, el nuevo dirigente fue nombrado secretario de la formación gubernamental y pretende cerrar una profunda crisis política derivada del intenso descrédito sufrido por el anterior jefe de Estado.

El país ha recibido con alivio la salida de Zuma, que debía enfrentarse la próxima semana a una moción de censura que amenazaba con crispar, aún más, las tensiones internas del CNA y generar conflictos en la calle, contraria a su gestión. Curiosamente, la partida del controvertido exlíder coincide con el encausamiento de varios miembros de la familia Gupta, ligada al mayor escándalo de los últimos tiempos. Estos hermanos indios han amasado una gran fortuna y existe la sospecha de que su éxito en los negocios se halla relacionado con el apoyo de la jefatura de Estado.

El perfil de Ramaphosa es radicalmente distinto, aunque ambos compartieron militancia en la lucha contra el apartheid. El nuevo presidente es un abogado que impulsó el movimiento sindicalista y se retiró de la esfera pública en 1997. Tras amasar una gran fortuna, volvió a la escena política con renovadas ambiciones. El nuevo hombre fuerte precisaba la partida inmediata de su predecesor ya que su mantenimiento deterioraba las pretensiones de ganar holgadamente en los comicios que tendrán lugar el próximo año.

LA CLAVEEl dirigente impulsó el movimiento sindicalista y se enriqueció tras dejar la esfera pública en 1997

'Candy Crush'

La renuncia de Zuma no ha sido sencilla. Su primera respuesta fue negativa, aduciendo que no había cometido nada malo, e incluso en su carta de resignación manifestaba su desacuerdo con el comité ejecutivo del partido que le había exigido el abandono del poder. El desenlace sudafricano recuerda al sucedido en Zimbabue. La crisis se ha resuelto internamente y el recambio se ha producido para evitar la erosión de la formación oficial, propiciada por la ineptitud de sus estadistas, y contrarrestar los esfuerzos de la oposición, que reclama la inmediata convocatoria de elecciones.

La sustitución anticipa una profunda remodelación del gabinete, acorde con los intereses de Ramaphosa. El ministro de Finanzas Malusi Gigaba jugaba con su tableta al 'Candy Crush' mientras se discutía la elección de Cyril Ramaphosa como nuevo presidente de Sudáfrica. Algunos medios locales hablan de adicción y otros de resignación ante los cambios que llegarán.

La opinión pública se ha manifestado muy descontenta con el rumbo de esta potencia emergente, sumida en una crisis económica y víctima de enormes desigualdades sociales. El desempleo y la falta de infraestructuras básicas siguen afectando a la mayoría negra, una frustración que ha generado una corriente radical y de tinte indigenista, que rechaza al CNA y demanda expropiaciones de los medios de producción, en manos de la minoría de origen europeo.

 

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