Senadores con historias íntimas tras los argumentos

M. VALENTE BUENOS AIRES.

Entre los senadores que se disponían a votar a favor del proyecto, la voz más esperada en la madrugada de ayer era la de la expresidenta Cristina Fernández, que permanece alejada de las cámaras. Históricamente reacia a permitir la discusión del aborto, Fernández admitió hace algunos meses de que, hablando con su hija, había cambiado de posición y que así lo expresaría en el Senado. Ayer aclaró que no era por su hija que había cambiado de parecer sino «por las miles de chicas que se volcaron a la calle a reclamar». La exmandataria insistió en la necesidad de ofrecer una alternativa a esas jóvenes que no sea el mero rechazo a su propuesta. Y luego avisó de que el peronismo, que es el movimiento al que ella pertenece, debe ser «nacional, popular... y feminista».

Al final, la senadora volvió a hacer una referencia a su propia familia al mencionar que tiene dos nietas todavía muy niñas pero que ella quiere sentirse tranquila de poder contestarles dentro de 15 años cuando le pregunten: «Y vos, abuela, ¿qué votaste en ese momento?».

Otro senador que se pronunció a favor fue el cineasta Fernando 'Pino' Solanas, de 82 años. Su discurso fue muy celebrado entre las jóvenes a las que puso una y otra vez como símbolo de los nuevos tiempos. Solanas recordó que cuando él tenía 16 años se enamoró de una adolescente y ella quedó embarazada. Por someterse a un aborto clandestino, la niña casi muere, confesó.

Del lado opuesto, es decir, entre quienes se manifestaron en contra de la iniciativa, uno de los discursos más insólitos y anticuados fue el del senador Alfredo De Angeli, un dirigente rural que se volvió popular después de las manifestaciones contra la subida de impuestos en el campo que pusieron en vilo al Gobierno de Fernández en 2008.

De Angeli dijo que tenía diez hermanos y que pese a las dificultades su madre «jamás» habría pensado en abortar. «Tantas veces la vi hacernos la ropa, el pan casero. Jamás se le habría pasado por la cabeza abortar», aseguró. Luego contó que en su pueblo, cuando se sabe que una mujer está embarazada, se le regala una planta «para que vea cómo va a ir creciendo su hijo». Y finalizó su alocución confesando: «Esas son las cosas que nosotros no queremos perder».

 

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