El Pentágono envía a la frontera 5.000 efectivos

Grupo de migrantes cruzando el río Suchiate, frontera natural entre Guatemala y México. :: Carlos Garcia Rawlins / Reuters/
Grupo de migrantes cruzando el río Suchiate, frontera natural entre Guatemala y México. :: Carlos Garcia Rawlins / Reuters

La operación 'Patriotas Leales' pondrá más soldados en la línea con México que en Siria o Irak para detener el avance de la caravana de migrantes

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Dos noticias dominaban ayer las televisiones estadounidenses, dependiendo de a qué parte del espectro político se quisiera apelar: las historias de los supervivientes al tiroteo del sábado en una sinagoga de Pittsburgh, en el que murieron once personas, y el envío de tropas a la frontera para detener a la caravana de migrantes centroamericanos, que se va deshaciendo según avanza por territorio azteca. Del impacto de cada una dependen en parte las elecciones legislativas del próximo martes.

La primera es la mayor matanza antisemita que se haya producido nunca en territorio estadounidense. La segunda supone un mayor despliegue de tropas que las existentes en Siria o Irak, y aproximadamente la mitad de las destacadas en Afganistán. Detrás de ambas está el presidente Donald Trump, que con su retórica incendiaria espolea a las bases hasta el fanatismo violento que se ha materializado en la última semana. Decirlo es, según la portavoz de la Casa Blanca, «una irresponsabilidad de la prensa», que es «el verdadero enemigo del pueblo», tuiteó ayer el presidente. En lugar de buscar un tono conciliador para recuperar la calma social, Trump eligió rociar de gasolina la hoguera antiinmigrante alertando de que se trata de una «invasión de nuestro país» que equivale a una situación de emergencia. «¡El Ejército os espera!», tuiteó a los centroamericanos.

Los 5.000 efectivos que empezarán a llegar a la frontera sur hoy mismo como parte de la operación 'Patriotas Leales' suponen un aumento significativo de los 800 inicialmente estimados y se sumarán a las 2.000 enviados en enero, pero no tienen una misión de combate. Repartidos entre Texas, Arizona y California, se dedicarán a patrullar la frontera y a construir instalaciones.

Nadie sabe con certeza las cifras de la caravana, pero se estima que partió de San Pedro Sula (Honduras) hace dos semanas con 400 personas, a las que se fueron sumando otras por el camino hasta concentrar unas 7.000 en Guatemala. El choque con los antidisturbios mexicanos, las redadas de inmigración, las penurias del camino y una mayor conciencia del peligro que les espera al cruzar tierra de narcos ha reducido significativamente su número hasta los 3.000. Aún tienen por delante 3.600 kilómetros y la posibilidad de negociar con el Gobierno mexicano un permiso de residencia que haga innecesario continuar la penosa procesión hasta EE UU.

Difícil obtención de asilo

Si las estadísticas de la anterior caravana de abril son un referente, menos de un tercio podrá aspirar a presentar un caso creíble de asilo político. Pueblo Sin Fronteras, una ONG que les acompaña, ayudó a 403 a conseguir abogados. Seis meses después sólo tres han conseguido el asilo político, según Alex Mensing, director de Pueblo.

Ningún miembro de la caravana era consciente de lo débiles que son sus oportunidades de trabajar legalmente en EE UU, incluso para aquellos que traigan consigo documentos con los que probar su situación de persecución. «Cuando llegue pienso entregarme a 'la migra' (agentes de Migración) y les diré que por favor no me devuelvan a Honduras, que lo único que quiero es trabajar honradamente para sacar adelante a mis hijos», decía Keylin Fernández, de 22 años. Las imágenes, sin embargo, han inspirado a otros a seguir el modelo. Uno de ellos murió el domingo víctima de las pelotas de goma que lanzó la Policía mexicana en Ciudad Hidalgo, cuando intentaba impedir la entrada de un nuevo grupo. El joven de 26 años sería el tercer inmigrante que fallece en esa frontera en menos de tres semanas.

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