Todos pasaban, siempre quedaba ella

La canciller ha lidiado con cuatro mandatarios franceses, siete italianos, cuatro británicos, tres españoles... Bruselas no se entiende sin ella

ADOLFO LORENTE

'Auf wiedersehen'. Angela Dorothea Merkel, 'la Merkel' (Hamburgo, 1954), se va. La eterna canciller trasladó ayer a los suyos que el principio del fin ha llegado, que después de 18 años no repetirá como presidenta de la conservadora CDU tras el desplome sufrido el domingo en las elecciones regionales de Hesse.

A finales de año, dejará la máxima instancia del partido, pero no la Cancillería Federal, que pretende agotar hasta finales de 2021 para emular al gigante Helmut Kohl. Cuatro mandatos, 16 años, un mundo. Comienza la cuenta atrás de la todopoderosa Merkel, la gran canciller, la mujer que ha mecido la cuna europea desde el 22 de noviembre de 2005, desde su llegada a la Cancillería federal.

Bruselas es Merkel. Todos pasaban y siempre quedaba ella. Siempre. El 'déjà vu' nunca llegó a ser una sensación, sino una aplastante realidad. La lista de correligionarios comunitarios con los que ha coincidido es tan extensa como elocuente. Ha recibido y despedido a cuatro presidentes de la República Francesa (Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, François Hollande y Emmanuel Macron); cuatro primeros ministros británicos (Tony Blair, Gordon Brown, David Cameron y Theresa May); siete primeros ministros italianos (Romano Prodi, Silvio Berlusconi, Mario Monti, Enrico Letta, Matteo Renzi, Paolo Gentiloni y Giuseppe Conte); y tres presidentes españoles (José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez).

Merkel es la mejor metáfora de los alemanes. Devotos del rigor, la estabilidad, la tranquilidad... También del aburrimiento, por qué no, sobre todo si está relacionado con lo económico. Cuando parecía que lo peor había pasado, Europa vive de nuevo momentos de zozobra.

El órdago italiano

Pero las oportunidades sólo sirven si son aprovechadas y aquí es donde entra en juego la gran canciller. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Alemania? Macron, pese a mostrar sus primeros síntomas de agotamiento, ha resucitado con enormes bríos el gran eje francoalemán trazando una ambiciosa hoja de ruta sustentada en una mayor integración en torno al euro. Berlín, sin embargo, sigue arrastrando los pies. «Hay una ventana de oportunidad que debemos aprovechar y que durará solo un año», alertó Jean-Claude Juncker en septiembre de 2017. Pero ese año del que hablaba el presidente de la Comisión se ha esfumado y no es que todo siga igual, es que todo está yendo a peor tras el órdago lanzando por Italia.

Y ahora, cuando el pesimismo está logrando hacerse hueco a codazos en el ambiente europeo, llega lo de 'la Merkel'. Esperado, quizá. En este momento, no. Todo se ha precipitado de forma sorprendente.

Pero allí donde muchos ven una suerte de hecatombre es posible que se esconda un revulsivo. Se ha quitado un peso de encima y es muy posible que Merkel dé paso a una nueva Merkel. No sólo en Alemania, también en Europa.

Ahora, debe decidir cómo quiere que le recuerden los libros de Historia, como la gran canciller que gestionó la Gran Recesión o la crisis migratoria sin excesivo acierto, o como la gran canciller que sentó las bases de una nueva Europa que miró de tú a tú a Estados Unidos y fue capaz de derrotar al creciente nacionalpopulismo. Todavía está a tiempo.

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