Ortega hace huir de Nicaragua a la Asociación pro Derechos Humanos

Seguidores de Ortega le muestran su apoyo en Masaya. :: reuters/
Seguidores de Ortega le muestran su apoyo en Masaya. :: reuters

El equipo que documenta las víctimas de la represión abandona el país días después de hacerlo el cantautor Carlos Mejía Godoy

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

El defensor de derechos humanos Álvaro Leiva se vio obligado el domingo a huir de Nicaragua, como lo hizo días atrás el cantautor Carlos Mejía Godoy, que en los 80 puso la lírica a la revolución sandinista y hoy huye del comandante convertido en dictador. «Mi vida estaba en peligro», contó desde su exilio en Costa Rica.

En ese terrible cruce de ironías que arroja la represión nicaragüense, el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA), Paulo Abrao, se tropezó con Leiva y su equipo de la Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos (ANPDH) en el aeropuerto de Tegucigalpa, donde esperaban el vuelo a Costa Rica.

La foto que tuiteó de ese encuentro fortuito llevaba un pie escalofriante: «Confieso que nunca he imaginado presenciar un autoexilio en su exacto instante», escribió el brasileño de la OEA. «Llorando ellos decían que a pesar del costo ha valido la pena defender los DD HH en Nicaragua».

Hace ya más de una semana que la ONU cifraba ese exilio forzado de quienes huyen de la represión en 23.000 personas. Se preveía que el ritmo de 200 solicitudes de asilo político que estaba procesando Costa Rica diariamente tendría que aumentar a 500 para poder dar salida a la demanda, que no cesa de aumentar. El Gobierno de Daniel Ortega ha abierto la veda, «sus cabecillas de barrio y de sector tienen carta blanca para reprimir y no les importa a quien», cuenta Álex Hernandez, un líder del movimiento 19 de abril en Catarina que se esconde en una casa de seguridad desde que los paramilitares tomaron al asalto su pueblo.

Los cabecillas locales del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) elaboran listas con los nombres de todos los que participaron o apoyaron la revuelta contra el régimen de Ortega. «El Gobierno del FSLN no tiene control sobre sus cabecillas de barrio, son los últimos en darse cuenta de las salvajadas que hacen», explica el líder de Catarina.

Quienes son detenidos extrajudicialmente por enmascarados armados que entran en sus casas a la fuerza y detienen a toda la familia sufren torturas para forzarles a delatar a sus vecinos. A unos les arrancan las uñas de los pies, a otros le cortan la piel con bisturí. «Querían que les dijera quiénes eran los que estaban en las barricadas», sollozaba Rosa Adilia Monzón, «pero como yo no les quise decir -yo les dije que era gente de otro lado que venían aquí-, ellos me comenzaron a cortar las piernas con un bisturí». La mujer presentaba medio centenar de cortes visibles en los muslos.

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