Ortega descalifica a la oposición y a los obispos por «golpistas» y se niega a adelantar elecciones

Simpatizantes del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, desfilan por Managua. :: bienvenido velasco/ efe/
Simpatizantes del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, desfilan por Managua. :: bienvenido velasco/ efe

El arzobispo de Managua llama al mandatario a detener la violencia que se ha cobrado ya cerca de 300 muertos que «lleva sobre sus hombros»

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

Daniel Ortega rechazó la convocatoria de elecciones anticipadas en marzo de 2019 planteada por la Conferencia Episcopal de Nicaragua, parte de sus conciudadanos e incluso su hermano y exjefe del Ejército Sandinista, Humberto Ortega, como solución para cerrar la crisis sociopolítica arrastrada con violencia desde el 18 de abril.

Fue este sábado, al final de una marcha oficialista por Managua, Rosario Murillo, a su vera cuando el presidente se aferró a la Constitución y a la ley electoral.

«Si los golpistas quieren llegar al gobierno, pues que busquen el voto del pueblo y ya veremos si el pueblo les va a dar el voto a los golpistas, que han provocado tanta destrucción en estos días», enfatizó ante la multitud de simpatizantes. «Las reglas las pone la Constitución de la República, a través del pueblo. Las reglas no pueden venir a cambiarlas de la noche a la mañana porque se le ocurrió a un grupo de golpistas», dijo Ortega. «Ya habrá tiempo, tal como manda la ley (cada 5 años), habrá tiempo para elecciones, todo tiene su tiempo», agregó.

En su intervención se dirigió a los obispos: «Aquellos que lanzan maldiciones y nos sentencian a muerte en nombre de instituciones religiosas, que se acuerden de Cristo. Cristo nos mandó a amarnos los unos a los otros y ése ha sido nuestro esfuerzo en la práctica cristiana, socialista y solidaria». Insistió además en que Nicaragua es el objetivo de desestabilización por parte de Estados Unidos tras haber fracasado, sostuvo, en Venezuela. Ortega opta por tanto por resistir.

Armados y encapuchados

La Iglesia católica y parte de la sociedad denuncian los ataques de grupos civiles armados y encapuchados. Llegan en caravanas de camionetas disparando a mansalva a recuperar el control de las zonas rebeldes de ciudades como Managua, Masaya, Jinotepe o Matagalpa.

Los «autoconvocados» (opositores) abren zanjas y levantan barricadas de adoquines para que no pasen los vehículos.

El líder sandinista rechazó la responsabilidad del Estado en la violencia y acusó a los que trasladan a «bandas de asesinos financiadas, estimuladas, por los sembradores de odio» y exigió a «los que financian, justifican estos crímenes, asesinos, que detengan esos crímenes». Calificó los «tranques» (cortes de vías) de «centros de terrorismo» y advirtió de que seguirá su «lucha por la paz» contra los «subversivos».

Los enfrentamientos dejan ya cerca de 300 muertos y cientos de heridos y detenidos. El cardenal Leopoldo Brenes recogió el testigo en la homilía dominical en la catedral de Managua.

Desde el púlpito pidió detener el ataque de civiles armados que solo ayer dejaron al menos un muerto en Carazo. «Llamo al presidente Daniel, a doña Rosario, que, por favor, en el nombre de Dios, detengan esa acción que va a llevar más dolor, más tristeza y quieran o no, esta situación la cargan sobre sus hombros».

Según el arzobispo de la capital, los parapoliciales tenían rodeados dos templos impidiendo la entrada de los párrocos.

«Detrás de estos 300 fallecidos hay 300 mamás, un buen número de esposos, un buen número de hijos y el dolor de toda una patria», agregó el arzobispo.

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