May oculta qué hará si ve rechazado en el Parlamento su acuerdo con Bruselas

May sale de su residencia para dirigirse al encuentro con el comité parlamentario. :: daniel leal-olivas / afp/
May sale de su residencia para dirigirse al encuentro con el comité parlamentario. :: daniel leal-olivas / afp

La campaña para atraer el voto de los 650 diputados extraña por su alejamiento de los llamados a evitar un 'brexit' desordenado

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

En la comedia humana del 'brexit' la protagonista, Theresa May, ha acuñado un papel por el que será recordada. Refrescada en las montañas de Snodownia, en el norte de Gales, decidió tras la Semana Santa de 2017 convocar unas desastrosas elecciones para ampliar su mayoría, en cuya campaña fue bautizada como 'Maybot', un robot adiestrado para repetir incesantemente que el país necesitaba un Gobierno «fuerte y estable».

Ahora, cuando se juega con más certeza su posición y su reputación, 'Maybot' sometió a los diputados de un comité de la Cámara de los Comunes al tormento de pasar la mañana haciendo preguntas sobre las alternativas posibles en caso de que su acuerdo con el Consejo Europeo sea rechazado, y que rebotasen en May: «Yo estoy centrada en lograr que se apruebe este acuerdo...».

Los puntos suspensivos son el resumen de los intentos de May de recitarles a los miembros del Parlamento, mayores de edad y gobierno, su completa explicación de las virtudes de lo logrado, repetida con mínima variación en los últimos días. «Ya lo hemos leído, gracias», le interrumpía uno para insistir en las alternativas. «Sí, pero lo que yo quiero saber...», le decía otra diputada.

La laborista Yvette Cooper inició su pregunta recordando a la primera ministra que se conocen de antiguo. Han ocupado carteras opuestas en el Parlamento y es notorio que no se caen bien. «Conociéndola desde hace 20 años, simplemente no creo que sea usted una persona que, si se rechaza su acuerdo, contemplaría llevar al país fuera de la UE sin acuerdo. ¿Me equivoco?», le preguntó Cooper. «La decisión sobre el acuerdo ha de tomarla el Parlamento y en lo que yo estoy concentrada...». May frustró a todos negándose a ofrecer a los diputados que representan a la población, en un momento tan importante para la vida del país, qué planes tiene el Gobierno en el caso de que su acuerdo sea rechazado. Forma parte de alguna estrategia diseñada para ganar la votación y encaja bien en su personalidad.

Nick Clegg, viceprimer ministro en el Gobierno de coalición de David Cameron, salía de las entrevistas con la entonces ministra de Interior sin saber si estaban de acuerdo. Es muy reservada, socialmente rígida. La primera decisión a la que le forzó su asesor más importante en su ascensión a la cima del poder fue que dedicase al menos una hora semanal a tratarse con sus correligionarios en el Parlamento.

Apoyos «con reticencia»

Los cronistas no entienden qué trama. En una campaña en la que el electorado son los diputados, otros líderes habrían pasado mucho tiempo en el salón de té del Palacio de Westminster, halagando a los que se les acerquen, contando chascarrillos sobre el negociador de la UE, Michel Barnier, midiendo apoyos y rechazos, convenciendo a tan sofisticados votantes. Pues no. May vuela a las naciones británicas, habla con ciudadanos convocados para la foto y el vídeo con la líder suprema, y se va ahora a Argentina hasta el fin de semana, por la obligación de estar en la cumbre del G-20. Y logra que el primer ministro de Japón o el 'Financial Times' («con reticencia») se expresen en favor del acuerdo.

El colofón será un debate con Jeremy Corbyn. Pugilistas con historial, promueven su combate con una divergencia sobre qué televisión debe acogerlo, la BBC (May) o ITV(Corbyn). El argumento del laborista es que la audiencia será más «diversa» -o sea, más suya- porque en ITV llegaría antes del episodio final de 'Supervivientes', mientras que en la BBC se plantaría en hogares sentados para ver la nueva serie de vida animal de David Attenborough.

 

Fotos

Vídeos