Obama se pone al frente de los demócratas para recuperar la Cámara de Representantes

C. CONEJERO NUEVA YORK.

Barack Obama está de vuelta en la escena política para confrontar «la política del miedo y el resentimiento» de Donald Trump pero, sobre todo, para animar a los estadounidenses a votar en las decisivas elecciones legislativas de noviembre. En un acto en la Universidad de Illinois, el expresidente demócrata rompió la norma de deferencia que, por lo general, los exmandatarios tienen hacia sus sucesores y, con ello, su relativo silencio político desde que dejó el cargo.

En Chicago, de manera explícita Obama acusó al actual presidente de colaboración con Rusia, de enaltecer a los supremacistas blancos y de polarizar al país. Y al resto de dirigentes republicanos les señaló por una actitud dirigida a la protección del poder partidista incluso si perjudica a Estados Unidos. Desde la tribuna de un acto de recaudación de fondos en Fargo (Dakota del Norte), Trump no tardó en responderle que su discurso le resultaba «bueno para dormir».

La supuesta aspiración de Obama de mantenerse al margen de la confrontación política ha venido sufriendo gran presión por parte de unos demócratas frustrados por su ausencia pública en unos años en los que su sucesor se esfuerza en destruir su legado. Asuntos como el hostigamiento a su reforma sanitaria o la política contra la inmigración ya habían provocado las réplicas de Obama. Y el ataque frontal a Trump comenzó en realidad con su elegía durante el reciente funeral del senador John McCain.

Según el exmandatario, su sucesor es el síntoma y no la causa del problema, y ha logrado capitalizar el resentimiento que los políticos han cultivado durante años y que resurge en tiempos de cambios drásticos en la sociedad. Obama, que después de Chicago habló en Orange County, un condado especialmente conservador de California, tiene ya una agenda repleta de apariciones publicas durante los dos intensos meses que quedan hasta noviembre para energizar al electorado en puntos críticos, con especial énfasis en las primarias de las próximas semanas.

Vacío de discurso

La vuelta de Obama tratará también de llenar el vacío de discurso del Partido Demócrata, que sufre sus propias turbulencias como consecuencia de la pugna por llegar al liderazgo de una nueva generación de jóvenes liberales que amenaza con desbancar la fortaleza de los viejos barones, muchos ya con más de 70 años de edad.

Pero la irrupción de Obama podría funcionar como arma de doble filo y actuar como catalizador de las bases 'trumpistas'. De hecho, dirigentes republicanos ya lo festejan, al menos de puertas para afuera. Por eso algunos demócratas se muestran reacios a la participación del expresidente en la campaña, pero la nueva ola liberal celebra su reaparición como necesaria para suplir la ausencia de respuestas desde el progresismo al desafío de Trump.

Por ello recaerá sobre Obama la tarea de articular la visión política que unifique y lidere la resistencia demócrata para arrebatar cientos de distritos a los republicanos y establecer una mayoría sólida en noviembre, al menos en la Cámara de Representantes.

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