Los niños de Tailandia fueron sedados para evitar el pánico durante el rescate

Tres de los menores tailandeses rescatados de la cueva saludan desde la sala del hospital. :: M. S. / efe/
Tres de los menores tailandeses rescatados de la cueva saludan desde la sala del hospital. :: M. S. / efe

De los cinco kilómetros de grutas hasta la salida, 140 metros tuvieron que realizarlos bajo el agua, pero fueron trasladados en camilla por los buzos

PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL MAE SAI (TAILANDIA).

Sedados y en camilla. Así fueron rescatados los niños atrapados en la ya famosa cueva de Tham Luang, al norte de Tailandia. Un día después de su exitosa salida de la caverna, y tras numerosas especulaciones, los responsables del equipo de salvamento lo reconocieron ayer en una multitudinaria rueda de prensa donde revelaron numerosos detalles de la operación. «Los niños no nadaron, solo flotaron. Algunos podían estar despiertos y otros dormidos», explicó Apakorn Youkongkaew, jefe de los Navy Seals, los buzos de élite de la Marina tailandesa.

Aunque no respondió abiertamente que hubieran sido sedados, sí admitió que habían sido «tranquilizados» para que saliera bien el rescate a través de un laberinto de grutas angostas, algunas inundadas. «Cada niño, llevado por dos buzos, portaba una máscara integral que le permitía respirar con normalidad de su bomba de aire comprimido, pero podían entrar en pánico y eso era un problema», indicó el militar, quien añadió que «los niños no tenían que hacer nada».

Así se aprecia en el vídeo difundido por el Gobierno, donde se ve a los efectivos de salvamento cargando con los pequeños inertes en camillas en los tramos secos del recorrido. De los cinco kilómetros que tuvieron que atravesar hasta la salida de la cueva, el responsable de los Navy Seals señaló que «350 metros fueron en agua, y de ellos el 40% sumergidos», es decir, unos 140 metros. Al llegar a una gruta próxima a la salida, donde se había instalado una enfermería, los niños eran atendidos por los médicos, que les hacían un chequeo antes de ser trasladados al hospital.

A través de oscuras cavidades, las imágenes demuestran la extrema dificultad del rescate, que acabó el martes con éxito después de que los niños y su entrenador de fútbol se pasaran diecisiete días atrapados en la cueva. Su salida fue agónica hasta el final, cuando se rompieron unas bombas que achicaban el agua y los niveles subieron peligrosamente.

«Hemos hecho posible una misión imposible», se congratuló el jefe del dispositivo y gobernador de Chiang Rai, Narongsak Osottanakorn, quien había sido trasladado a la vecina provincia de Phayao, pero se ha encargado de esta fea papeleta. La subida del nivel del agua dentro de la cueva por las fuertes lluvias y la reducción del oxígeno hasta extremos peligrosos precipitó la arriesgada decisión. «Desde la cima, estábamos buscando túneles que nos permitieran llegar hasta ellos, pero se hallaban a más de 500 metros de profundidad y no podíamos esperar tanto», razonó el gobernador, consciente de la peligrosidad de la misión.

De los riesgos le había advertido el capitán Anan Surawan, uno de los primeros en llegar a la cueva cuando se descubrió que los muchachos y su monitor se habían perdido dentro. «Había que bucear entre 500 y 700 metros para llegar a ellos y, tras ser descubiertos por los buzos británicos, enviamos un primer equipo con cuatro personas. Tardaron en regresar veintitrés horas y solo lo hicieron tres porque no les quedaba oxígeno», recordó el capitán. A pesar de la alegría por el rescate, tampoco podrá olvidar la muerte del buzo tailandés Saman Gunan, quien pereció la semana durante una de estas inmersiones mientras ayudaba en el dispositivo. «Los mayores peligros eran la oscuridad, la inexperiencia en este tipo de misiones y la subida inesperada del nivel del agua», resumió.

Gracias al drenaje con potentes bombas de agua, el dispositivo consiguió bajar los niveles para que los niños, que solo tienen entre 11 y 16 años y apenas sabían nadar, hubieran de sumergirse lo mínimo. Aunque se habían disparado todos los temores ante la posibilidad de que tuvieran que bucear a través de cavidades de apenas un metro de ancho, finalmente fueron sedados y pudieron hacer esta odisea subterránea sin enterarse.

Tras su salida de la cueva, se recuperan con normalidad en el hospital provincial de Chiang Rai, donde pasarán aislados entre una semana y diez días hasta que se compruebe que no sufren infecciones ni enfermedades. En otro vídeo difundido por las autoridades, se les ve en sus camas con máscaras y haciendo la señal de victoria. Al otro lado de un cristal, sus padres los saludan emocionados mientras esperan su regreso al hogar.

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