El misterio rodea el asesinato de tres periodistas en Centroáfrica

Flores junto a las fotos de los tres informadores muertos, en Moscú. ::  Maxim Shipenkov / efe/
Flores junto a las fotos de los tres informadores muertos, en Moscú. :: Maxim Shipenkov / efe

Los informadores, de nacionalidad rusa, investigaban la actividad de una empresa de su país dedicada a la seguridad privada

GERARDO ELORRIAGA

Rusia no es un buen lugar para ser periodista y poder contarlo. Las intrincadas alcantarillas del Kremlin han atraído a numerosos investigadores que han pagado con su vida la intención de desentrañar los vericuetos de la política local. Desde 1992, más de sesenta reporteros han sido asesinados en el país. Anna Politkóvskaya se erigió en emblema de este propósito. Sus investigaciones sobre la tortura en Chechenia alientan suposiciones y tramas sobre la identidad de sus probables ejecutores.

Hay muchos motivos para morir cuando se persiguen noticias en torno a la estrategia de aquella potencia. El asesinato en la República Centroafricana de Orján Dzhemal, periodista con un buen bagaje de contiendas a sus espaldas, Aleksandr Rastorgúev, director de documentales, y el cámara Kiril Radchenko, ha vuelto a poner de manifiesto ese espacio ambiguo entre la fatalidad casual y la desaparición sistemática de testigos. Su secuestro y ejecución, el pasado lunes, se halla envuelto en el misterio.

La república subsahariana se halla inmersa en una guerra civil desde hace cinco años que ha provocado un elevado coste humano, pero expatriados y periodistas no han sufrido graves riesgos, más allá del pillaje. Hasta la fecha, la excepción la proporcionaba la francesa Camille Lepage, asesinada en 2014 tal vez por viajar con un grupo antibalaka sorprendido por sus enemigos de la banda Séléka. Pero la extrañeza de la desaparición de los tres rusos proviene del cúmulo de circunstancias raras que convergen en el fatal desenlace.

Viajaban de noche, un riesgo elevado en el África subsahariana incluso en países no afectados por contiendas, y aún mayor en una república donde el territorio de las diversas facciones varía continuamente. La supervivencia del conductor también genera recelos, o el hecho de que carecieran de un 'fixer' o experto local en seguridad, absolutamente necesario en condiciones tan inciertas. El testimonio del chófer indica que fueron abordados a 20 kilómetros de la ciudad de Sibut por milicianos con turbante que hablaban árabe, lo que parece apuntar a las milicias derivadas de los antiguos séléka.

En cualquier caso, las mayores incertidumbres recaen en el objetivo de sus pesquisas. Dzhemal investigaba la implicación del grupo Wagner en el conflicto local. Sobre esta empresa de seguridad privada rusa recae la acusación de ser un centro de mercenarios y, según algunas hipótesis, su presencia en la zona se halla relacionada con los intereses del Kremlin y su entorno en las minas de oro, uranio, diamantes. Nadie duda de que el mantenimiento del conflicto centroafricano, tal y como ocurre en la República Democrática del Congo, está relacionado con las disputas por el control de estas vetas en un área donde predomina la ley del más fuerte.

Iniciativa de Jodorkovsky

La presencia rusa en la zona se inició el año pasado con la llegada de 180 instructores para las fuerzas armadas. La muerte de los tres periodistas aparece vinculada, según algunas fuentes, con la muerte de un nativo en Damara, a unos 100 kilómetros del lugar donde fueron hallados. El incidente dio lugar a manifestaciones en contra de la presencia de los eslavos e, incluso, el asesinato de un uniformado, pero la información no está confirmada.

La otra explicación, aún más inquietante, relaciona a los mercenarios con su pretendido carácter de ariete de la estrategia política, militar y económica de Rusia. Las víctimas trabajaban para el Centro de Investigación (ICC), impulsado por el magnate y disidente Mijáil Jodorkovsy. Tampoco es el primer deceso relacionado con el grupo Wagner. Maxim Borodin cayó por el balcón de su apartamento, en una quinta planta, cuando trabajaba en sus implicaciones en la guerra siria.

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