El legado de Juan Manuel Santos

Colombia vive hoy un traspaso de poderes teñido de inquietud por la crisis desatada con el país vecino

M. LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

Juan Manuel Santos entrega hoy a Iván Duque la banda tricolor que acredita al representante de la derecha uribista como el 60 presidente de la república. No lo hará con la tranquilidad que habría requerido la ocasión, en medio de la grave crisis surgida en Venezuela y obligado a salir al paso de las serias acusaciones formuladas contra él por Nicolás Maduro. Aunque la situación interna de Colombia hasta ahora tampoco era un remanso de paz.

Iván Duque presidirá un país muy diferente al que Santos recibió en su primer mandato en agosto de 2010. El principal legado del mandatario saliente es el acuerdo con las FARC, firmado en 2016, que le hizo merecedor del Premio Nobel de la Paz. Sus críticos le reprochan que para conseguirlo relegó a un segundo plano los temas económicos, aunque la sensación de seguridad aumentó, llegaron más turistas y más inversionistas.

Pero la violencia no cesó y la escalada de asesinatos selectivos de líderes comunitarios y defensores de los derechos humanos ha dejado en 30 meses la escalofriante cifra de 332 muertes, que se añaden a las más de 250.000 que suma el conflicto armado en 60 años. El rechazo a esta realidad, percibida en la sociedad como un fracaso, llevó a Santos a pedir perdón. Lo hizo en la región del Catatumbo, una de las más castigadas y donde hace pocos días hombres armados dispararon contra clientes de un local comercial. Hubo nueve muertos, entre ellos un integrante de las FARC acogido a la reinserción garantizada por el acuerdo de paz.

Juan Manuel Santos

Santos también estableció el diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Ha habido avances, pero el acuerdo de alto el fuego se ha quedado a las puertas de este cambio de Gobierno y no se sabe si Duque decidirá mantenerlo o hará caso a su padrino político y expresidente Álvaro Uribe, que intentó en su momento la vía de la negociación pero arenga a favor de la mano dura. Por la parte que le toca, Juan Manuel Santos, que ha trabajado con Duque para que el traspaso de poder sea suave, ha prometido que no le va a molestar. Dará conferencias, disfrutará de su familia y sobre todo de su primera nieta.

Santos sabe lo que es sufrir la sombra alargada, permanente y machacona de su predecesor Álvaro Uribe. El mentor del gobernante electo fue para él una piedra en el zapato durante sus dos mandatos por negarse a continuar su política de seguridad de mano dura. El mayor deseo del mandatario es que «Duque no se deje manipular y Uribe le deje gobernar», que «sea quien tome las decisiones, quien gobierne».

En este momento, Uribe intenta recuperar su escaño en el Senado, arrepentido de haber renunciado a él voluntariamente tras ser citado por el Tribunal Supremo en un proceso que lo vincula con la compra de testigos. «No sé realmente a estas alturas qué va a hacer el expresidente Uribe», se pregunta Santos. «Esperaría que dejara gobernar al presidente electo sin interferencias. Porque si a Duque le va bien, a Colombia también».

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