Juncker propone una nueva Policía con 10.000 agentes para controlar las fronteras

Jean-Claude Juncker (derecha) saluda al euroescéptico británico Nigel Farage. :: FREDERICK FLORIN / AFp/
Jean-Claude Juncker (derecha) saluda al euroescéptico británico Nigel Farage. :: FREDERICK FLORIN / AFp

En su último gran discurso político, el presidente de la Comisión Europea alerta sobre los nacionalismos porque «son un veneno»

S. ARROYO BRUSELAS.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, cerró su último gran discurso político sobre el estado de la UE insistiendo en su idilio con el proyecto comunitario. «Europa es la gran historia de mi vida. Amo Europa y lo seguiré haciendo». Fue la síntesis más emotiva a un 'speech' que se prolongó durante 53 minutos y que arrancó el aplauso de los eurodiputados solo en momentos muy puntuales. El veterano político luxemburgués se dirigió a la Eurocámara de Estrasburgo con frases cargadas de europeismo, de «patriotismo ilustrado», las que recogía un texto que pivotó entre las amenazas a las que se enfrenta Europa y las cuentas pendientes del proyecto común.

¿Propuestas concretas? Las justas. La más llamativa, si se quiere, la situó en el ámbito de la seguridad frente a la migración ilegal: crear una especie de policía de control de fronteras con rango federal que alcance los 10.000 efectivos antes de 2020. Una iniciativa para calmar los ánimos que entonó de manera suave pretendiendo quizas evitar malas interpretaciones en un presente excesivamente marcado por los discursos antimigratorios. Su anuncio lo enmarcó en la necesidad de «mejorar la coordinación» entre Estados y salvaguardar «la seguridad» en las fronteras exteriores. Una ayuda que agilizaría también «la devolución de los retornos de ilegales» y que se sumaría a otras económicas así como al desarrollo de acciones que favorezcan la entrada a Europa de «inmigrantes cualificados, porque los necesitamos».

Desde el atril de Estrasburgo volvió a incidir en el 'pendiente' del Euro (la unión monetaria y bancaria), en expandirlo (solo 19 de los 28 comparten la moneda única). Se sirvió de ejemplos concretos para apuntalar el objetivo de darle más músculo. «Pese a voces derrotistas, es la segunda moneda mundial. Pero tenemos que ir más allá porque es aberrante que paguemos el 80% de la factura energética en dólares cuando solo el 2% de las importaciones de energía vienen de allí o que estemos pagando aviones europeos en dólares y no en euros. Hay que cambiar todo esto».

Cuando llegó el turno del 'Brexit', nada nuevo. Subrayó que la Comisión Europea trabaja por la solución consensuada con Reino Unido -primando la solidaridad con Irlanda; «no habrá ninguna frontera»- y volvió a lamentar la intención británica de coger la puerta de salida el 29 de marzo. «Alquien que se marcha no puede mantener los mismos privilegios», volvió a avisar a Londres.

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