Un juez frena la deportación de inmigrantes acogidos en EE UU por razones humanitarias

La orden cautelar de un tribunal de California beneficia a casi 350.000 extranjeros y sus hijos, aunque sólo de forma temporal

M. GALLEGO UEVA YORK.

n La cruzada de una adolescente de 14 años que se enfrenta al dilema de perder a sus padres o ser deportada a un país que no conoce encontró eco el jueves en las deliberaciones del juez californiano Edward Chen. La orden cautelar para impedir la deportación de los beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS, en inglés) ofrece paz a casi 350.000 inmigrantes y sus hijos, aunque vuelva a ser de forma temporal.

Los afectados llegaron de países como Sudán, Honduras, El Salvador y Nicaragua, tan azotados por guerras y desastres naturales que no ofrecían condiciones de vida para volver. Con el paso de los años, gobierno tras gobierno, Estados Unidos renovó este tratado hasta que llegó Donald Trump. En noviembre la secretaria de Seguridad Doméstica en funciones, Elaine Duke, firmó el fin del programa y dio a los afectados entre doce y dieciocho meses para que abandonasen el país.

En los meses siguientes la Administración Trump ha trabajado con los ejecutivos de los países afectados para gestionar la pronta deportación de estos inmigrantes ya establecidos, que en muchos casos llevan casi dos décadas en EE UU, han montado negocios, pedido créditos y visto nacer a sus hijos. El caso más irónico es el de Nicaragua, en el que públicamente se critica al régimen de Daniel Ortega por perseguir, asesinar y encarcelar a los ciudadanos que piden su salida, pero se trabaja con su Gobierno para gestionar las deportaciones. Más de 5.000 nicaragüenses se enfrentan ahora a llevar a sus familias a un país del que huyen diariamente entre 200 y 500 ciudadanos.

Todavía son más los 260.000 salvadoreños y casi 60.000 haitianos que también tendrán que dejar su vida en territorio norteamericano para volver al miedo y la miseria que creían haber superado. La orden cautelar ha sido celebrada por todas las fuerzas progresistas estadounidenses, pero sólo compra tiempo para que se solucione definitivamente su situación con una reforma migratoria que dependerá en gran parte de las elecciones legislativas de noviembre.

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