Italia sale de su laberinto político con un Gobierno que mezcla eurófobos y técnicos

Tecnócratas y políticos. Conte, junto a Salvini y Di Maio, y Giancarlo Giorgetti. :: A, S. / afp /
Tecnócratas y políticos. Conte, junto a Salvini y Di Maio, y Giancarlo Giorgetti. :: A, S. / afp

Cierra la crisis abierta desde las elecciones del 4 de marzo con la jura de los ministros del Gobierno del Movimiento 5 Estrellas y la Liga

DARÍO MENOR RO MA.

Sergio Mattarella respira por fin tranquilo tras casi tres meses de angustia política en Italia. El presidente de la República volvió a sonreír tras resolver el rompecabezas que dejaron las elecciones legislativas del 4 de marzo, en las que ningún partido o coalición consiguió la mayoría en ninguna de las cámaras. No ha sido fácil ni inocuo el camino para dar vida a la alianza entre el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga que permitió ayer el nacimiento oficial del Gobierno con la jura de sus cargos por parte de los ministros. El primero en hacerlo fue el nuevo jefe del Gabinete, el profesor universitario de Derecho Giuseppe Conte, que no cuenta con experiencia política y que, hasta hace unos días, era un absoluto desconocido para la opinión pública.

Con el juramento de «ser fiel a la República» de Conte y de los dieciocho miembros de su Gabinete (de los que solo cinco son mujeres), termina la difícil gestación de esta coalición, que ha dejado una crisis institucional desconocida en décadas al poner en duda el M5E la figura del Jefe del Estado. No obstante, el presidente «sale reforzado» en sus funciones de defensor de la Constitución y garante de la colocación europea e internacional de Italia, como escribe Luciano Fontana, director del 'Corriere della Sera'.

También han provocado estas últimas semanas de difíciles negociaciones pérdidas millonarias en la Bolsa y subidas de la prima de riesgo, aunque desde que el jueves se confirmó el pacto hubo un cambio de tendencia. Ayer el índice selectivo del parqué milanés cerró con una subida del 1,49%, mientras que el diferencial entre la deuda pública italiana a diez años respecto a la alemana descendió hasta los 239 puntos.

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Parece que asustaba más a los inversores la inestabilidad política que la llegada al poder en la tercera economía de la zona euro de dos partidos tachados de populistas por sus detractores. Contribuyó a tranquilizarles que el presidente de la República vetara la llegada del eurófobo Paolo Savona al Ministerio de Economía, que ha acabado en manos de una figura mucho más tranquilizadora como Giovanni Tria.

Mattarella estaba radiante en el concierto que ofreció ayer en el Palacio del Quirinal con motivo de la fiesta de la República, que se celebra hoy. Antes de que comenzara la música, dio un breve discurso que escuchó desde las primeras filas Conte, el nuevo 'premier'. «Italia pretende desarrollar un papel cada vez más positivo y protagonista en la Unión Europea», dijo. Era todo un aviso de cuál debe ser a su juicio el camino que siga el flamante Gobierno, algunos de cuyos miembros mantienen una desconcertante ambigüedad respecto a Bruselas, Rusia o la OTAN.

Mattarella, no obstante, no quiso ir más allá en sus advertencias antes del concierto. Ayer era un día de serenidad y alivio político tras unas semanas complicadas. Tiempo habrá de preocuparse por las decisiones del Ejecutivo y por la convivencia entre sus miembros, que no será fácil. Los diarios no tardaron en encontrar viejas declaraciones de los ministros del M5E que criticaban a la Liga y viceversa. Ya hay apuestas sobre cuánto tardará en explotar la coalición entre los dos partidos provocando así el derrumbe del Gobierno.

Hay una gran paradoja en la composición del Ejecutivo, cuyos miembros se someterán el lunes y el martes a una moción de investidura en la Cámara de Diputados y en el Senado cuyo resultado positivo se da por descontado al contar con mayoría la alianza entre el M5E y la Liga. Aunque estos dos partidos se han dejado la voz criticando a los gabinetes formados por tecnócratas y a los primeros ministros no elegidos por los ciudadanos, con ellos no han cambiado las cosas.

El 4 de marzo no había ninguna papeleta en la que estuviera escrito el nombre de Conte, que no es ni mucho menos el único técnico del Gobierno. Lo son el 40% de los ministros, el porcentaje más alto desde 1945, como señaló el instituto de estudios Cattaneo. En los Ejecutivos precedentes, liderados por Paolo Gentiloni, Matteo Renzi y Enrico Letta, tan denostados por el M5E y la Liga, los tecnócratas no llegaban al 20%. Esta particular composición del Gobierno de Conte es para el director del 'Corriere della Sera' una «novedad absoluta, un verdadero experimento de laboratorio. Pero también es un intento de mitigar las preocupaciones hacia los espíritus populistas».

En esas tentaciones no tardó en caer Matteo Salvini, líder de la Liga y nuevo ministro del Interior, al anunciar su deseo de dar «un buen tijeretazo» a los alrededor de 5.000 millones de euros anuales que Italia gasta en la acogida y socorro a los inmigrantes. Prometió que este será uno de los principales temas en los que trabajará. Lo hará, por fortuna, informándose primero. «Pediré a todos los que se han ocupado de él cómo se puede mejorar desde el punto de vista de la disminución de las llegadas y del aumento de las expulsiones».

 

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