Francia se blinda ante el nuevo desafío de los 'chalecos amarillos'

Un contenedor arde en la plaza de la República de la capital francesa durante una manifestación estudiantil . :: Ian Langsdon / efe/
Un contenedor arde en la plaza de la República de la capital francesa durante una manifestación estudiantil . :: Ian Langsdon / efe

París afronta hoy con síndrome de toque de queda una jornada de máximo riesgo de repunte insurreccional de la guerrilla urbana

FERNANDO ITURRIBARRÍA PARÍS.

Francia y, en especial, su capital, París, se han blindado de cara a la nueva movilización convocada hoy por los 'chalecos amarillos', una jornada de máximo riesgo de repunte insurreccional de la violencia callejera. Unos 89.000 efectivos de las fuerzas de seguridad, casi todos los disponibles, serán desplegados a lo largo y ancho del país con la misión de evitar que se reproduzcan los episodios de guerrilla urbana que hace una semana elevaron a su paroxismo la crisis social. Varias delegaciones provinciales del Gobierno han prohibido la venta y transporte de carburantes, ingenios pirotécnicos y productos inflamables o químicos.

En París 8.000 policías y gendarmes velarán por la seguridad frente a los 4.600 movilizados el sábado anterior cuando se provocaron 249 incendios de vehículos, barricadas y edificios, se saquearon 11 comercios, se rompieron 146 escaparates, se produjeron 133 heridos y se practicaron 412 detenciones.

Por primera vez se va a recurrir a una docena de tanquetas de la Gendarmería, un tipo de blindados idóneos para despejar las barricadas de fuego. Pero no se movilizará al Ejército en la vigilancia estática de los centros neurálgicos del poder como habían reclamado algunos sindicatos policiales.

LA CLAVESe ha descartado movilizar al Ejército, pero se desplegarán tanquetas de la Gendarmería

La capital afronta con síndrome de toque de queda el nuevo desafío de los 'chalecos amarillos' y va a presentar un aspecto de ciudad sitiada en sus barrios céntricos y acomodados. Lugares emblemáticos como la torre Eiffel, el Louvre, la Opera, el jardín de las Tullerías, el Arco de Triunfo o las Galerías Lafayette permanecerán cerrados al público así como las tiendas de las grandes firmas de lujo, una decena de mercados callejeros, una treintena de estaciones del metro y buen número de museos.

Los servicios municipales han retirado de la vía pública alcorques, vallas, barreras, andamios, maquinaria de obras, contenedores de vidrio y otros elementos susceptibles de ser empleados para levantar barricadas o como proyectiles y armas arrojadizas. Muchos comercios han sido protegidos con verjas y paneles, los establecimientos hosteleros más expuestos han retirado sus terrazas y las empresas de seguridad privada no dan abasto para satisfacer las demandas de particulares.

Las autoridades sanitarias han ampliado las capacidades hospitalarias para responder a un potencial incremento de la actividad asistencial. El pasado sábado 162 personas ingresaron en los servicios de urgencias de los nueve hospitales públicos de París, de las que cuatro permanecen aún en las unidades de reanimación.

En la línea alarmista de dramatizar la amenaza violenta, el portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, confirmó el temor a la presencia de armas de fuego entre los manifestantes más radicales apuntada por los servicios policiales de información. «Los 'chalecos amarillos' sinceros no pueden servir de escudos humanos. El objetivo número uno es preservar vidas humanas», dijo. Desde el comienzo de las protestas el 17 de noviembre ya se ha producido la muerte accidental de cuatro personas.

«Un monstruo»

El ministro del Interior, Christophe Castaner, declaró que «en estas tres últimas semanas ha nacido un monstruo que se ha escapado de las manos de sus progenitores». También resaltó que actualmente están implicadas a diario en el movimiento de protestas «unas 10.000 personas». «Eso no es el pueblo, no es Francia. Es una pequeña minoría», valoró.

Eric Drouet, uno de los líderes del movimiento, es objeto de diligencias judiciales por unas declaraciones en las que llamaba a «entrar en el Elíseo». La Fiscalía de París ha abierto a este camionero una causa por provocación a la comisión de un crimen o un delito y organización de una manifestación ilícita. Su domicilio fue registrado y su mujer, interrogada.

Los 'chalecos amarillo libres' reiteraron su llamamiento a no manifestarse en París porque «es una encerrona». Portavoces de esta corriente moderada, abierta a un diálogo con el Ejecutivo, fueron recibidos a última hora por el primer ministro, Edouard Philippe, y no por Emmanuel Macron como querían. El presidente no comparecerá en público antes del lunes para «no echar leña al fuego» según su entorno.

El apoyo popular a la protesta ha bajado por primera desde su arranque pero persiste en cotas mayoritarias. Según una encuesta realizada el miércoles y el jueves, el 66% de los franceses simpatiza con los 'chalecos amarillos', lo que supone un descenso de seis puntos con respecto al inicio de esta semana.

Otro factor de alivio para el Gobierno es la desconvocatoria de la huelga de transportistas anunciada a partir de mañana. Los sindicatos CGT y Fuerza Obrera se declararon satisfechos por los compromisos escritos obtenidos de la patronal del sector y del Ejecutivo sobre la remuneración de las horas extras, su caballo de batalla.

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