Europa ofrece la pipa de la paz a Trump para evitar la guerra comercial

La Comisión exige retirar la amenaza de las tarifas al acero y anuncia protección para las empresas de la UE frente a las sanciones contra Irán

ADOLFO LORENTE SOFÍA.

Tras la tempestad trasatlántica del miércoles, ayer se hizo la calma. Ocurrió en Sofía, donde se reunieron los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea para hacerse la foto con los seis países de los llamados Balcanes Occidentales. Puro márketing. Mucha firma, muchas promesas, sonrisas por doquier y poco más. Porque si se ha hablado de algo en la capital búlgara ha sido de Estados Unidos, del problema geopolítico más grave al que se enfrenta Europa en muchísimo tiempo.

La UE está harta, mucho, pero ayer tendió la mano a Washington sabedora de que si ella no da el paso, Trump tampoco lo hará. No hubo bandera blanca, pero Jean-Claude Juncker y Donald Tusk sí pusieron un folio en blanco encima de la mesa en el tema comercial. 'Aquí lo tienes, escribámoslo juntos', vinieron a decir. Lo de Irán ya es otro cantar. Aquí sólo queda pertrecharse bien y aguantar el temporal. Minimizar daños.

La tensión es máxima entre ambos bloques. La cosa había llegado a tal punto que el miércoles el presidente del Consejo decidió lanzar un mensaje contundente a la Casa Blanca que supuso toda una declaración de intenciones que sorprendió a muchos por su dureza. «Viendo las últimas decisiones de Trump, alguien podría incluso pensar: '¿Con amigos así quién necesita enemigos?'», zanjó el presidente del Consejo tras criticar su dialéctica «caprichosa».

«Se trataba de pasar un mensaje político de mucho peso. Y a partir de ahí, reiterar nuestra oferta de entendimiento», desvelan fuentes diplomáticas presentes en la cena del miércoles. La oferta fue presentada a primera hora de la tarde de ayer por el presidente de la Comisión. Eso sí, no es un cheque en blanco. Hay una condición 'sine qua non'. «No negociaremos con una espada de Damocles sobre nuestra cabeza. Es una cuestión de dignidad», advirtió Juncker.

Esta espada de Damocles es lo que Emmanuel Macron o Charles Michel, el primer ministro belga, han llamado «una pistola en la sien». La espada y la pistola son la metáfora de los aranceles del 25% y del 10% que Estados Unidos ha impuesto al acero y el aluminio comunitarios.

Hechos consumados

No es una amenaza, como muchos creen. Son hechos consumados, ya aprobados desde el 1 de abril, pero que no han entrado en vigor porque se han suspendido hasta en dos ocasiones. Primero, el mismo 1 de abril y después, el 1 de mayo. Se hace mes a mes, así que el ultimátum actual expira el 1 de junio, dentro de trece días. La estrategia de Trump consiste en chantajear a la UE con estas tarifas para intentar lograr réditos comerciales.

Por eso, mientras estos aranceles sigan vigentes, no habrá nada de nada. «Exigimos la exención total», recalcó Juncker en varias ocasiones. Un mensaje también subrayado por Tusk, por el presidente francés o por la canciller alemana, Angela Merkel. «A pesar de todas las dificultades a los que nos enfrentamos, las relaciones trasatlánticas son y seguirán siendo de suma importancia», dijo. Ahora, todo depende de Washington.

Si al final toma la mano europea, los Veintiocho se han comprometido a estrechar los lazos comerciales con EE UU en el sentido que Trump viene pidiendo. Ofrecen una mayor cooperación en energía, especialmente sobre el gas licuado; mejorar la colaboración entre los reguladores de las dos orillas del Atlántico; reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC); y «mejorar recíprocamente el acceso al mercado, sobre todo para los productos industriales, incluyendo los coches, así como la liberalización de la licitación pública». «Este lenguaje lo entienden bien en Washington», apostilló Juncker.

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