Euforia en Tailandia al completarse con éxito el rescate en la cueva de Tham Luang

Jóvenes en moto celebran la buena noticia mientras pasan ante un cartel con la imagen de los jóvenes rescatados. :: TANG CHHIN Sothy / afp
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Jóvenes en moto celebran la buena noticia mientras pasan ante un cartel con la imagen de los jóvenes rescatados. :: TANG CHHIN Sothy / afp

La operación para salvar a los trece atrapados finalizó ayer, después de dos semanas, con la salida de los cuatro últimos niños y el monitor

PABLO M. DÍEZ MAE SAI (TAILANDIA).

«Misión cumplida: los trece están fuera de la cueva». Entre los gritos y aplausos de los periodistas y voluntarios, el gobernador de la provincia tailandesa de Chiang Rai, Narongsak Osottanakorn, anunció ayer lo que hace pocos días parecía imposible: el rescate de todos los atrapados en la ya famosa cueva de Tham Luang, en el norte del país.

Después de 17 días de angustia, el milagro se hizo realidad. Los cinco últimos atrapados que quedaban en la caverna fueron salvados ayer. Se sumaban así a los ocho que ya habían sido sacados de la caverna el domingo y el lunes, y cerraban con final feliz un drama que ha tenido con el corazón en un puño a todo el planeta. Finalmente, y después de tres días de esfuerzos titánicos y operaciones a contrarreloj por parte de un centenar de buzos extranjeros y tailandeses, están a salvo los doce niños y el entrenador del que probablemente sea ya el equipo de fútbol infantil más conocido del mundo, los Jabalíes Salvajes. «No sabemos si ha sido la ciencia, un milagro o qué. Los 13 Jabalíes ya están fuera de la cueva», se congratulaban en su página de Facebook los Navy Seals, las fuerzas de élite de la Marina tailandesa que han participado en este operativo.

Bajo la amenaza de una tormenta que descargó durante toda la noche, el grupo de buzos encargado de la misión partió ayer en busca de los cinco últimos chicos a las diez de la mañana (cinco de la madrugada, hora peninsular española). Aunque se temía que las fuertes lluvias hubieran elevado de nuevo el nivel del agua dentro de la cueva, dificultando aún más una operación ya de por sí complicadísima, el rescate fue bastante rápido. Pasadas las cuatro de la tarde (cinco horas menos en España), el primer niño ya estaba fuera de la cueva, según informa el portal de noticias tailandés Khaosod.

LAS CLAVES Un centenar de buzos ha llevado a cabo el salvamento en varias fases durante tres días El grupo se encontraba a 600 metros de profundidad y a cinco kilómetros de la entrada

A partir de ahí, los otros tres muchachos salieron rápidamente hasta que, cerca de las siete de la tarde hora local, terminó el rescate con la evacuación del monitor, el último en dejar la cueva. En total, casi nueve horas para atravesar un oscuro laberinto de cinco kilómetros de grutas estrechísimas, algunas de ellas inundadas, hasta ascender a la superficie desde los 600 metros de profundidad a que se encontraban los chicos.

Una proeza

Para ello, todos ellos han tenido que aprender a bucear en un par de días cuando la mayoría no sabía ni nadar. Con edades comprendidas entre los once y los 16 años, el mayor peligro era que sufrieran un ataque de pánico al pasar por las grutas más angostas, entre ellas una de solo 72 centímetros de ancho por 38 de alto. En cada rescate, llevado a cabo por trece buzos extranjeros y cinco tailandeses, dos de ellos han llevado a cada uno de los muchachos, pertrechados con unas máscaras que les cubrían el rostro completamente permitiéndoles respirar con normalidad. «Se han visto obligados a algo que no ha hecho ningún otro chico de su edad: bucear en un entorno extremadamente peligroso y con cero visibilidad», explicaba a la BBC uno de los submarinistas de la operación, Ivan Karadzic.

Tras ser atendidos en la enfermería instalada en una de las últimas grutas de la cueva, los rescatados fueron trasladados en helicóptero al hospital provincial de Chiang Rai, a 60 kilómetros. Allí les esperaban sus familiares y sus compañeros salvados en los dos últimos días, que finalmente ven la luz al final de la caverna de Tham Luang.

«Para recordar este hecho, la cueva será convertida en un lugar muy especial que inspire a todo el mundo», prometía el gobernador provincial en el centro de prensa del dispositivo de salvamento, montado con carpas en el aparcamiento de un edificio oficial en la falda de la montaña donde se enclava la caverna. Allí se encontraba también Ampor Srivichai, tía del entrenador del equipo, Ekapol Chantawong, de 25 años. «Estoy agradecida a todo el mundo por haberlo salvado junto a los doce chicos», declaraba eufórica. «Siempre, siempre, siempre he sabido que iba a salir de allí con vida», recordaba con una amplia sonrisa de felicidad al saber que pronto podrá ver a su sobrino. «En cuanto salga del hospital, le prepararé cortezas de cerdo», prometía refiriéndose a la carta que él le hizo llegar el fin de semana a través de los buzos.

Meditación

Aunque este antiguo monje budista metió a los chavales en la cueva pese a las señales de peligro por inundación durante las lluvias del monzón, también ha sido quien los ha mantenido con vida. Tras perderse el pasado 23 de junio dentro de la caverna, cuando una repentina tormenta inundó sus grutas y les impidió la salida, el monitor racionó los escasos alimentos que tenían y les enseñó meditación para moverse lo menos posible y ahorrar energías. Cuando, el lunes de la semana pasada, fueron encontrados por dos buzos británicos del equipo de búsqueda, el entrenador era quien se encontraba en peores condiciones porque se había quedado sin comer para dar lo poco que había a los niños.

Empezaba entonces una carrera contra el tiempo para sacar al grupo de la cueva. Al principio sonó la idea de que los chicos se quedaran allí cuatro meses, hasta que el agua de la cueva bajara al acabar el monzón en octubre. Pero los atrapados no podían esperar tanto por la falta de oxígeno y las fuertes precipitaciones de esta estación, que amenazaban con inundar la gruta donde se habían cobijado.

Para sacarlos, la junta militar tailandesa destinó a más de mil personas, entre soldados, policías y voluntarios. Bombeando agua al máximo para que los niños tuvieran que bucear lo mínimo, los buzos los han rescatado a todos en solo tres días. Retransmitido en directo por periodistas venidos de todos los rincones, este drama ha enganchado al planeta entero por la corta edad de sus protagonistas y su arriesgado rescate a lo Hollywood. Como si fuera una película, la historia ha acabado bien por una vez en la realidad.

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