Estados Unidos cambia de piel en las urnas

Donald Trump recibe el saludo del cantante de country Lee Greenwood. :: Jonathan Erns/ reuters
/
Donald Trump recibe el saludo del cantante de country Lee Greenwood. :: Jonathan Erns/ reuters

Las elecciones que hoy se celebran se han convertido en un referéndum tácito sobre las políticas de Trump

MERCEDES GALLEGO

nueva york. Nunca antes unas elecciones legislativas de mitad de mandato habían generado la ansiedad que se vive hoy. Donald Trump ha subido el listón, convirtiéndolas en un referéndum tácito sobre sí mismo. Ya no es un tercio del Senado y toda la Cámara Baja lo que se decide, sino la suerte de un país que votará por un Congreso que ayude a Trump con su agenda o que le ponga freno.

Lo más probable es que EE UU divida salomónicamente el poder: la Cámara Baja para los demócratas, la Alta para los republicanos, convertidos ahora en neotrumpistas. Para eso los demócratas necesitarían sumar 23 asientos en la Cámara de Representantes. Conseguir dos más en un Senado que sólo pone en juego la tercera parte y en Estados sólidamente conservadores es más de lo que ninguna encuesta se atreve a adjudicarles, pero con esto medio país suspiraría ya aliviado. El trauma de hace dos años está demasiado presente.

Nadie da nada por hecho. Algunos reaccionan con infantilismo, como Jaime, un taxista de San Antonio que la semana pasada se revolvía contra la democracia: «Yo ya no me molesto en votar, porque en las elecciones pasadas lo hice y mi candidata perdió, a pesar de tener más votos». Otros tienen tanta prisa en votar que ya lo hicieron hace varias semanas. En ese mismo Estado de Texas, casi medio millón de personas han depositado su voto en urnas anticipadas. Más del doble que en las anteriores legislativas de mitad de mandato en 2014.

Con todo, predominará la apatía. Sólo el 36,6% de los ciudadanos con derecho a voto se molestaron en acudir a las urnas en 2014. Incluso si se alcanza el récord que en las presidenciales de hace dos años, no llegarían al 62% de participación. Lo que sí se puede constatar es que algunos sectores son hoy más conscientes que nunca, como entre los afroamericanos. «El que no vote estará deshonrando a su familia», advirtió Oprah Winfrey el jueves en Georgia.

En las elecciones especiales de Alabama del año pasado los afroamericanos dieron la victoria al candidato demócrata en un Estado que Trump había ganado por 28 puntos un año antes. Sólo el 4% de los votantes de color apoyó a su candidato, el juez Roy Moore, y la participación fue más alta que el porcentaje de población que representan. Hoy en al menos dos Estados tienen motivos para seguir favoreciendo al partido de Obama. En Florida elegirían al primer gobernador afroamericano. En Georgia, a la primera gobernadora. Los demócratas cuentan con ellos para apuntarse hasta seis gobernadores de los 36 que se juegan, pero en Estados como Iowa o Vermont, donde suponen menos del 4% de la población, no podrán salvar a nadie, por mucho que Michelle Obama les recordase ayer que si no usan su poder «otros lo harán».

El efecto de la caravana

Los latinos votan incluso menos que los afroamericanos, (49,3% frente al 59,6% en 2016) pero aún así son clave para ganar tres Estados en los que los demócratas han puestos sus esperanzas más altas: Nevada, Arizona y Nueva Jersey. En el primero Jacky Rosen le saca cuatro puntos de ventaja al republicano Dean Heller. Nevada es el único Estado de los que ganó Hillary Clinton en 2016 que renueva su asiento al Senado y por tanto la mejor oportunidad demócrata. Dado que hace menos de un mes el republicano llevaba siete puntos de ventaja, todo hace pensar que al casi 30% de hispanos no les ha hecho gracia la histeria contra la caravana de migrantes.

Más confiable aún resulta el voto femenino, que según la última encuesta de CNN favorecerá a los demócratas 62% a 39%. En el año del #MeToo, por primera vez seis asientos al Senado se lo disputan dos candidatas, aunque ninguna de estas batallas concentra más atención que la que disputan en Arizona la demócrata Kyrsten Sinema y la republicana Martha McSally, que sería la primera senadora abiertamente bisexual. El avance de las mujeres va mano a mano con el de las minorías. Con la refugiada somalí Ilhan Omar (Minnesota) llegaría la primera mujer musulmana al Congreso y con Debra Haaland (Nuevo México) la primera nativoamericana. EE UU elige hoy qué tipo de sociedad quiere ser, tolerante e inclusiva o temerosa de Dios y de los hombres.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos