Trump se retira de un plumazo del Tratado de Armas de la ONU

Trump habla ante los amantes de las armas en Indianápolis./EFE
Trump habla ante los amantes de las armas en Indianápolis. / EFE

El presidente de EE UU anuncia la medida en la reunión de la Asociación Nacional del Rifle, con la que cuenta para salir reelegido en 2020

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Donald Trump sabe que hay cosas serias y sagradas con las que no se juega, como la vida ajena. «¡Bum! ¡Otro tipo malo! ¡Bum!», dramatizaba ayer el presidente desde el escenario de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), con la que cuenta para ganar las elecciones. «Amigos, id a votar, que si no os van a quitar vuestras armas. Y no penséis que falta tanto, eso le estaba diciendo yo a Melania -por cierto, que hoy es su cumpleaños, feliz cumpleaños, Melania-. ¿Te puedes creer que ya están otra vez las elecciones a la vuelta de la esquina? Y parecía que cuatro años era mucho tiempo…».

Tocaba dar un caramelo a tan nutrido grupo de votantes, para que no se olviden de a quién tienen que apoyar el año que viene, pero como la alta política le aburre, la despachó en dos frases. «Hoy (por ayer) anuncio oficialmente que EE UU revocará a todos los efectos la firma del equivocado Tratado para el control del Comercio de Armas. Nunca dejaré que burócratas extranjeros pisoteen vuestro derecho de la Segunda Enmienda constitucional (a portar armas)», prometió.

Y tal vez porque a él le sonaba a chino antes de que sus asesores se lo sirvieran en bandeja, le sorprendió el aplauso rotundo. «Estoy impresionado, nunca imaginé que muchos de vosotros sabríais lo que es eso». Un día más en la vida política de EE UU bajo el Gobierno de Trump, y uno menos para la paz mundial. El Tratado para el Comercio de Armas fue una iniciativa del Nobel de la Paz costarricense Oscar Arias para establecer estándares internacionales que regulasen el comercio de armas convencionales. Desde Amnistía Internacional hasta el Dalai Lama se sumaron a su propuesta, que tardó décadas en materializarse a través del Tratado no vinculante de Armas Cortas Ilícitas que se aprobó en la ONU en 2003 bajo el mandato de George W. Bush.

Sin incidencia en casa

Todavía hubo que esperar una década a que la Asamblea General de la ONU convocase una gran conferencia sobre el comercio de armas para darle dientes a estos acuerdos, que entraron en vigor en 2014 en la forma actual del tratado. Ese que Trump se cepilló ayer en dos frases.

Con todo, el Congreso de Estados Unidos nunca lo ratificó y ya no tendrá que hacerlo. Una treintena de países entre los que destacaban los malhechores habituales -Rusia, Israel, Corea del Norte, Venezuela y Siria- se habían resistido a permitir su entrada en vigor, muchos de ellos pendientes de lo que hiciera Washington.

El tratado se redactó con el máximo cuidado para no interferir en asuntos domésticos, por lo que las reticencias de los portadores de armas en EE UU a los que Trump asusta con la burocracia extranjera son de todo punto injustificadas. Lo único que se establece es la obligación de supervisar la exportación de armas para asegurarse de que no lleguen a los países sancionados con un embargo, se usen para violar los derechos humanos o caigan en manos de terroristas. De hecho, muchas de las normas de importación y exportación de armamento que contempla son similares a las que tiene Estados Unidos para rastrear su destino, pero los detalles son lo de menos cuando se trata de ganarse a las masas.

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