Distanciamiento de Venezuela y pleitesía a la Casa Blanca

M. VALENTE BUENOS AIRES.

Sin dar mayores precisiones, Bolsonaro anunció tras la victoria que su Gobierno «liberará» a Itamaraty (Ministerio de Exteriores) «de las relaciones internacionales a las que fue sometido en los últimos años». No hizo mención específica de ningún país, aunque parece claro que su política será opuesta a la de los ejecutivos del Partido de los Trabajadores (PT), que durante estos doce años estuvo centrada en afianzar vínculos con los países de Sudamérica y África y reforzar el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

En campaña el ya presidente electo dio a conocer claramente cuáles eran sus antipatías. «Vamos a ir a la guerra con Venezuela», se envalentonó hace una semana, aunque luego tuvo que negar que esté en sus planes una ofensiva militar contra el vecino país. También se desdijo de su impulso por salirse de la ONU y de la OEA en rechazo a las decisiones de los organismos multilaterales, sobre todo en materia de derechos humanos.

En la noche electoral, Bolsonaro recibió la felicitación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con quien mantuvo una conversación «muy buena», según expresó en Twitter el inquilino de la Casa Blanca. Al parecer, ambos gobernantes se comprometieron a continuar trabajando en una agenda de comercio y defensa.

También desde China recibió felicitaciones, pero por escrito. Colaboradores del presidente electo ya se habían acercado al Gobierno de Pekín después de un inicial posicionamiento errático del ahora presidente brasileño, que viajó en marzo a Taiwán.

En cuanto a Israel, Bolsonaro desarrolló buenos vínculos con el Estado hebreo durante su campaña. Incluso se comprometió a trasladar, siguiendo el ejemplo estadounidense, la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén.