«No se detendrán ni aunque los compensen por volver»

GERARDO ELORRIAGA

El pasado día 13, unos 7.000 hondureños dejaron sus casas para comenzar una marcha hacia el norte del continente en pos de un incierto destino. «El éxodo refleja que este país es una olla a presión», confiesa el jesuita Ismael Moreno, más conocido como padre Melo, director de la emisora Radio Progreso, en Tegucigalpa. «Somos nueve millones de ciudadanos, seis sobreviven en la economía informal y cuatro sufren desempleo. El Gobierno está basado en el fraude electoral y la represión militar y se asesina a los opositores a un modelo de desarrollo basado en la acumulación de riqueza por unas pocas familias. Esta marcha no se va a detener, aunque Trump suspenda ayudas y anuncien medidas compensatorias para los que regresan».

Ayer, una videoconferencia, organizada por las ONG Alboan y Entreculturas puso en contacto a medios de comunicación españoles con este religioso, defensor de los derechos humanos, y Andrea Villaseñor, directora del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) de México. La responsable de la organización humanitaria reconoció que el repentino flujo los desbordó. «Nos asombró a todos», admite y señala que la población civil se ha volcado con los migrantes.

Según sus cálculos, unos 6.000 prosiguen el camino hacia EE UU, otros 1.500 permanecen en un centro de detención cercano a la frontera guatemalteca y un número similar se halla al otro lado de la aduana. «La Policía está capturando a los rezagados y deportándolos», apunta. Y no es algo nuevo. «Hemos pasado de una situación de crisis a la emergencia», indica. Cada año, medio millón de individuos de toda Centroamérica llegan a la república federal huyendo de la miseria y la violencia.

El mayor contingente de migrantes se concentra en el Estado de Oaxaca y, en su opinión, tardarán una o dos semanas en alcanzar el río Grande. Villaseñor destaca su nivel de autoorganización e ignora su estrategia durante los próximos días. «No sabemos por dónde irán y resulta peligroso porque la situación de inseguridad en el centro y norte del país los hace muy vulnerables», advierte. Ella supone que intentarán acceder a la capital desde Puebla y evitarán los conflictivos territorios de Veracruz y Tamaulipas.

«No sólo cabe el rol del buen samaritano», aduce el padre Melo, que demanda un diálogo para hacer frente a la políticas locales y de Washington y buscar un modelo económico inclusivo, además de solicitar un compromiso global.

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