Los 'balseros de tierra' de Venezuela

Una familia venezolana, camino de la ciudad brasileña de Boa Vista. :: nacho doce/ reuters/
Una familia venezolana, camino de la ciudad brasileña de Boa Vista. :: nacho doce/ reuters

Miles de ciudadanos huyen cada día a los países vecinos en busca de comida, trabajo y seguridad

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

La grave situación política, alimentaria y de seguridad cronificada en Venezuela no ofrece ya a sus ciudadanos mejor salida que hacer las maletas en busca de oportunidades para conseguir un trabajo, un salario digno y un futuro para sus familias. En los últimos meses, la marea humana hacia Colombia, Ecuador, Chile o Argentina y también a destinos europeos como España o Reino Unido alcanza categoría de éxodo.

Faltan datos y ni siquiera las estimaciones coinciden. Un millón de personas han podido abandonar el país petrolero sólo en los últimos dos años, en un flujo que algunos cálculos extienden hasta los 4 millones durante los mandatos de Hugo Chávez y su sucesor y actual presidente, Nicolás Maduro. A él y su Gobierno culpan estos emigrantes forzados de todas las calamidades. Para el Ejecutivo, la crisis viene de «la guerra económica» de EE UU, sus aliados de la región y la derecha nacional. La realidad es la estampida aunque la muerte sea una posibilidad para estos 'balseros de tierra' del siglo XXI.

Viviana, 30 años; Miguel, 23; Violeta, 76; José Antonio, 86; Manuel, 38; Yasodhara, 24 y Thiago, 1 año son sólo una muestra de los venezolanos que viven separados de sus familias. Viviana y Miguel son hermanos y pueden apoyarse en su ciudadanía española por sus orígenes paternos. Ella a los 27 años viajó a España a abrir camino al resto de la familia. Con su trabajo en una oficina pudo sacar a su hermano el año pasado, y él consiguió un empleo de informático. Quieren reunirse en Madrid con sus padres, pero las cuentas aún no les dan. José Antonio y Violeta están en Caracas. Manuel, el tercero de sus hijos, también se marchó con su mujer y el bebé. «Lo más difícil es la soledad. Tienes la casa llena y de repente se queda vacía», cuenta José Antonio a periodistas venezolanos.

LAS CLAVESEn los últimos meses, las llegadas a Colombia o Ecuador alcanzan la categoría de éxodo 25.000 personas cruzan cada día el puente Simón Bolívar para conseguir alimentos y medicinas

Por los puentes fronterizos

Si hace unos años los emigrantes viajaban en avión a Estados Unidos y a Europa -España, Italia y Portugal-, desde 2016, con los precios de los pasajes inalcanzables, sólo pueden cruzar los puentes fronterizos con Colombia o Brasil y aspirar a quedarse en países de la región a los que llegan por mar o carretera. Entrar en territorio colombiano es el primer objetivo. Antes de abandonar el poder, hace unos días, el presidente Juan Manuel Santos concedió la residencia por dos años a 440.000 venezolanos.

Las llegadas aumentaron once veces en 24 meses, pasando de 48.714 a «870.000 venezolanos regulares, en proceso de regularización e irregulares», según Christian Krüger, director general de Migración, que anticipó que a principios de este mes la cifra estaba ya «cerca del millón». Para Krüger, las políticas de Maduro están detrás del «éxodo». El chavismo, censura, tiene «una política de expulsión hasta de sus propios nacionales, cuanta menos gente esté en el país es mucho más fácil repartir lo poco que tienen».

Colombia es punto de llegada y trampolín, el «principal destino para los venezolanos en Sudamérica», pero además «puente hacia terceros» países. «Esta dinámica no sólo se ha mantenido sino que incluso se ha acrecentado en los últimos meses», señala un informe de Migración Colombia. El objetivo en el segundo caso es llegar a Chile, Argentina, Ecuador, Panamá -que ha comenzado a pedir visado-, Brasil y Perú que, en ese orden, son los nuevos destinos. El miedo y la falta de expectativas ponen en camino a familias enteras, que cargan con lo más imprescindible para comenzar una nueva vida donde en lugar de ejercer de ingenieros tendrán que empezar por limpiar suelos con la esperanza de que sólo sea al principio.

No morir de hambre

Todos -un 59,2% son universitarios- huyen para no morir de hambre, pues según una Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) en 2017 al menos el 87% de la población no podía cubrir los gastos de alimentación. O para no engrosar las estadísticas del Observatorio Venezolano de la Violencia, que cifra en al menos 26.626 las personas asesinadas durante el año pasado.

Muchos de los que no se van cruzan a diario el puente Simón Bolívar, «la frontera más dinámica de América Latina» en las décadas de bonanza, para conseguir alimentos y medicinas que por la hiperinflación -del 14.000% en lo que va de año según el Fondo Monetario Internacional- y la escasez son imposibles de obtener en su propio país. Son 25.000 cada día y tienen que hacerlo a pie porque hace tres años Maduro prohibió el paso de vehículos.

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