La avería en el avión de Merkel acentúa la imagen de fin de etapa de la canciller

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Iberia consiguió ayer el inesperado apoyo publicitario de la canciller federal alemana, Angela Merkel, a la que trasladó a Buenos Aires para participar en la cumbre del G-20 después de que el avión oficial de la Luftwaffe sufriera una avería que obligó a interrumpir el viaje a Argentina. Merkel y una parte de su séquito se convirtieron así en pasajeros de última hora del vuelo IB-6849 que aterrizó a última hora de la tarde en la capital argentina.

El fallo de su propio aparato hizo que la canciller federal llegara con un apreciable retraso a la cita de jefes de Estado y Gobierno. La noche anterior, el Airbus A340 'Konrad Adenauer' sufrió una avería en pleno vuelo cuando Merkel departía con los periodistas poco después de despegar de Berlín. La radio no funcionaba y los pilotos habían perdido el contacto con tierra. Cuando se encontraban sobre el mar del Norte y tras consultar con la canciller se decidió interrumpir el viaje y dirigirse al aeropuerto de Bonn-Colonia. Un teléfono satelital permitió contactar con la torre de control y preparar el aterrizaje, que se llevó a cabo sin incidencias.

Guido Heinrich, coronel de la Luftwaffe y responsable de la flota de aviones oficiales del Gobierno germano, aseguró pese a todo que «en ningún momento hubo peligro para los pasajeros» y subrayó que «la interrupción de un vuelo en un caso así es un procedimiento completamente normal». Al mediodía anunció además que la pieza averiada había sido cambiada y que el avión funcionaba ya con absoluta normalidad.

 

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