Tregua en Hong Kong hasta que el Parlamento debata la ley de extradición a China

Tregua en Hong Kong hasta que el Parlamento debata la ley de extradición a China
EFE

Mientras el Consejo Legislativo suspende sus sesiones hasta nuevo aviso, los manifestantes se repliegan y convocan otra gran manifestación para el domingo

PABLO M. DÍEZ

Tras la tempestad de este miércoles, la calma ha vuelto este jueves a Hong Kong, sobrecogido por el caos que desataron las protestas contra la ley de extradición a China, contundentemente aplacadas por la Policía. Bajo la tormenta, en medio de un ambiente gris que parecía sacado de un apocalipsis zombi, en los alrededores del Parlamento se acumulaban los restos de la batalla campal, como paraguas rotos, mascarillas y cascos, entre las numerosas furgonetas «lecheras» de la Policía. A la espera de que el Parlamento vuelva a convocar otra sesión para debatir el proyecto de ley, los manifestantes se han replegado y solo pequeños grupos se concentran ante los controles policiales para reprocharles la fuerza con que dispersaron las protestas.

«¡No disparéis contra los estudiantes de Hong Kong!», «¡Parad la violencia!», rezaban los carteles que un puñado de indignados mostraban ante los agentes en el paso elevado que lleva hasta el Consejo Legislativo (Legco), escenario de los disturbios. Además de con carteles, algunos mostraban sus mensajes en las pantallas de sus móviles o de una «tablet», demostrando así que Hong Kong es uno de los lugares más tecnológicos del mundo. Menos acostumbrados a estos avances, los más mayores seguían recurriendo al método tradicional: el insulto. «No tenéis vergüenza. Habéis traicionado a Hong Kong y al futuro de vuestros hijos», les reprochaban a grito limpio mientras los agentes, por lo general, aguantaban el chaparrón. Tanto el que caía en la calle como el de dentro del túnel.

A esta protesta pronto se unieron los cristianos que llevan desde el domingo cantando «Aleluya» sin descanso. «Aunque yo soy de China, llevo ya una década en Hong Kong y he venido para pedir paz», explicaba a ABC Cindy, una mujer de 40 años, con lágrimas en los ojos. A su lado, su compañera Mei criticaba la «violencia policial» porque «los agentes han pegado y detenido a los jóvenes incluso cuando algunos estaban heridos». Asegurando que «el sistema ha cambiado y ya no hay privacidad en Hong Kong», denunciaba que «los heridos y los voluntarios tienen miedo de ir a los hospitales porque los médicos y enfermeros están informando a la Policía para que los arresten». De los once detenidos por los disturbios, hay dos que fueron capturados cuando acudieron a un centro médico para curarse sus heridas, según informa el periódico «South China Morning Post».

Este creciente control explica que la mayoría de los manifestantes se tapen el rostro con una máscara y solo digan su nombre de pila o un apodo. Un cambio notable con respecto a la «Revuelta de los Paraguas» de 2014, cuando los jóvenes protestaban a cara descubierta y no tenían ningún inconveniente en dar su nombre y que se les fotografiara.

«Tenemos que protegernos porque pueden acusarnos de varios delitos, como el de provocar disturbios», justificaba Johnny, de 35 años, voluntario en un puesto de socorro en las inmediaciones del Parlamento. Con vendas, agua oxigenada y colirio para los ojos irritados por los gases y el espray de pimienta, él y sus compañeros, Oscar y Apple, tenían intención de seguir acampados por si las protestas vuelven cuando se reanude el debate parlamentario.

De momento, no se sabe lo que va a pasar porque en estas manifestaciones no hay un líder que dirija a la masa. Desde el principio, las movilizaciones han estado organizadas por grupos de jóvenes y adolescentes que se coordinan a través de la red social Telegram, que está sufriendo «ciberataques» de los «hackers» («piratas informáticos») chinos. «No tenemos un liderazgo aquí. La gente joven se está organizando de forma muy eficiente, espontánea y descentralizada», contaba Yau Wai-pink, profesor del Departamento de Traducción de la Universidad Baptista de Hong Kong. Junto a una decena de académicos e intelectuales, participa en una huelga de hambre de 103 horas (en honor de los 1,03 millones de personas que, según la organización, se manifestaron el domingo contra la ley de extradición). En principio, esta falta de un rostro visible permite a la Policía sofocar las protestas rápidamente, pero también le impide neutralizar a sus líderes, que ya se están moviendo en Telegram haciendo acopio de suministros para próximas protestas. «La situación es muy simple. La jefa ejecutiva, Carrie Lam, debe abrir el diálogo y consultar a la gente sobre esta ley de extradición a China, que amenaza el modo de vida de Hong Kong y sus libertades básicas», justificaba el profesor la continuidad de las movilizaciones.

El mismo grupo que montó la multitudinaria marcha del domingo, el Frente Civil por los Derechos Humanos, ha convocado otra manifestación para este domingo, cuyo permiso ya ha solicitado a la Policía. Mientras tanto, Hong Kong sigue tranquilo, con la vida volviendo a la normalidad en esa típica calma que siempre precede a toda tempestad.

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