Un japonés ataca a cuchilladas a niñas que esperaban el autobús escolar

Imagen del lugar del ataque. /Efe
Imagen del lugar del ataque. / Efe

El autor de las puñaladas se cortó el cuello después de matar a una menor de 11 años y al padre de otra alumna y herir a 17 personas más cerca de Tokio

ZIGOR ALDAMAShenzhen

«Es difícil describir cómo se sintieron esos gritos. No eran niñas divirtiéndose, era un sonido que no era normal». Matsumoto, un vecino de 25 años del barrio de la estación de Noborito, en la ciudad japonesa de Kawasaki -unos 20 kilómetros al sur de Tokio-, se sobresaltó poco después de despertar, hacia las 8 de la mañana, y se lanzó a la calle a ver qué ocurría. «Vi a un hombre tirado en el suelo y a cinco o seis niñas. Había sangre en todas ellas», relató a la agencia France Presse. Los gritos procedían del nutrido grupo de escolares que esperaba el autobús que los llevaría a la escuela católica de Caritas, sobre los que se abalanzó un hombre con un cuchillo de grandes dimensiones en cada mano.

Quizá como consecuencia del 'shock', los testigos difieren al relatar el ataque. Según algunos, citados por la agencia local Kyodo, el autor gritó «¡Os voy a matar!». La directora de la escuela, Teiko Naito, contó que «salió de un supermercado, con un cuchillo en cada mano y atacó a los niños uno por uno, en la fila» del autobús. Algunos testimonios hablaban de que lo hizo en silencio y por la espalda, lo que anuló cualquier posibilidad de defensa de las pequeñas víctimas.

LA CLAVE

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menores murieron en 2001 por el ataque de un enfermo mental con un cuchillo en un colegio de Osaka .
En los brazos y los hombros.
Las heridas del adulto asesinado, funcionario de Exteriores, indicarían que defendió a su hija, ilesa

Una niña de 11 años, Hanako Kuribayashi, y un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de 39, Satoshi Oyama, perdieron la vida desangrados sobre el pavimento. La hija de Oyama, que resultó ilesa, estaba en el grupo de escolares. Las heridas del padre, en los brazos y los hombros, indicarían que trató de protegerla. Otras 17 personas -entre ellas doce niñas y un niño con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años- resultaron heridas de diversa consideración, aunque los médicos no temen por su vida.

Un país seguro

El tercer fallecido fue el propio atacante, que trató de degollarse y murió poco después de que lo aprehendiese la Policía. Los agentes encontraron otros dos cuchillos en su mochila, pero ningún indicio de las motivaciones que le llevaron a cometer semejante crimen. Tampoco trascendieron más datos sobre el asesino. De él solo se conoce su nombre, Ryuichi Iwasaki, que tenía 57 años y este martes vestía de negro y llevaba gafas. «Escuché a los niños gritar que tenían miedo y, cuando me di la vuelta, vi a un hombre con cuchillos diciendo que los iba a matar», relató Toshichika Ishii al diario 'Japan Times'. Según la Policía, un conductor de autobús trató de detener al psicópata, pero no tuvo éxito.

El funcionario asesinado era uno de los diez especialistas en lengua birmana del Ministerio de Exteriores japonés. Cuando Aung San Suu Kyi visitó el país en 2013, Satoshi Oyama la acompañó en Kioto.

Japón es uno de los países más seguros del mundo, pero no es la primera vez que un suceso de este tipo sorprende a la sociedad nipona. Hace tres años, otro psicópata que se había propuesto asesinar a personas con discapacidades dejó 19 muertos y 26 heridos junto a un centro de asistencia en Tokio. En 2008, otro hombre utilizó un camión para arremeter contra una multitud de peatones en el distrito de Akihabara, también en la capital del país, y segó la vida de ocho personas más.

Pero hay que remontarse hasta 2001 para encontrar un ataque similar al de este martes: hace 18 años, un enfermo mental entró a una escuela y acuchilló a los niños que se encontró en el camino, matando a ocho e hiriendo a otros quince. Aquel crimen provocó que se aprobasen medidas de seguridad más estrictas en los centros escolares, pero poco se puede hacer si el ataque sucede fuera de sus instalaciones. «Fue un incidente extremadamente terrible. Estoy indignado», dijo el primer ministro, Shinzo Abe. «Tenemos que proteger la seguridad de nuestros niños a toda costa», recalcó.