El abogado general del Gobierno británico calma los agitados ánimos del Parlamento

Partidarios de la permanencia de Reino Unido en la UE hacen guardia ante el Parlamento de Westminster. :: Daniel LEAL-OLIVAS / AFP
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Partidarios de la permanencia de Reino Unido en la UE hacen guardia ante el Parlamento de Westminster. :: Daniel LEAL-OLIVAS / AFP

Geoffrey Cox, asesor legal del Ejecutivo de May, pide a los diputados que voten «por la manera ordenada» de salir de la UE

ÍÑIGO GURRUCHAGA LONDRES.

El abogado general del Gobierno británico, sir Geoffrey Cox, ofreció ayer al Parlamento la explicación más clara y el argumento más convincente para votar en favor del acuerdo de salida de la Unión Europea el próximo martes, que parecía destinado al rechazo. La comparecencia en el Parlamento de este cargo gubernamental, con ocasional asiento en el Gabinete, es rara y la de Cox fue brillante.

Su voz se ha comparado con la de Mufasa, en la película 'El Rey León', y su elocuencia es el producto de muchos años de práctica en los tribunales resumiendo argumentos legales complejos para que sean digeridos por un jurado. Ha desnudado los aspectos más criticados del acuerdo y ha dicho a los diputados que su decisión no será sobre su legalidad, sino «esencialmente política».

Los partidos de la oposición piden que se publique íntegramente el texto de la opinión legal que el ministro ha entregado al Gobierno, pero este se niega porque la confidencialidad del asesoramiento legal es una convención constitucional. Ha publicado una parte, de cerca de 50 páginas, y Cox compareció clamando: «Pregúntenme, les contestaré con franqueza».

LA CLAVE La oposición alienta la idea de que se les oculta algo sobre el documento del acuerdo para el 'brexit'

La publicación del asesoramiento legal del entonces 'attorney general' Peter Goldsmith fue un episodio grave para la credibilidad de Tony Blair ante la invasión de Irak, al revelarse que había ofrecido dos opiniones diferentes sobre su legalidad. Este caso es diferente, el Parlamento ya aprobó la marcha de la UE iniciando el Artículo 50, pero la oposición alienta la idea de que se les oculta algo.

Cox entró en el corazón del bosque con sus primeros pasos. Sí, dijo a los diputados, no hay nada en el acuerdo que permitiría a Reino Unido poner fin unilateral a las provisiones especiales para evitar la frontera irlandesa, cuando termine el periodo transitorio y mientras no fructifique la negociación sobre la futura relación. Incluso si esa búsqueda se quiebra, el mecanismo excepcional persiste.

Aterrizando

Es la trampa europea, la traición de May, según los 'brexiters'. Cox la explicó con claridad y, del mismo modo, que él cree que prolongar esa situación no conviene ni a Reino Unido ni a la UE. Al unionista Nigel Dodds le recordó que otros comunitarios no querrán ver a empresas competidoras en Irlanda del Norte con la ventaja de comerciar libremente con la UE y Reino Unido tras el 'brexit', como prescribe ese mecanismo excepcional. El abogado general es el principal asesor legal del Estado y supervisa varios entes públicos. Los gobiernos nombran diputados con experiencia en leyes para el cargo, y Cox, parlamentario desde hace trece años, combina su cargo con el ejercicio privado de la abogacía, que le da mucho más dinero. Las jornadas de estos abogados suelen ser muy largas.

El público no estaba familiarizado con él hasta que fue telonero de Theresa May en la última conferencia conservadora. Su voz, su oratoria reposada y poética y su convicción sobre los beneficios del 'brexit' lo elevaron a un breve estrellato. Su meticulosa disección de los pros y contras de la decisión de los diputados quizás frene la incesante repetición de argumentos con la pretensión de desvelar algún cepo oculto en el acuerdo.

La extraña campaña de May, más dirigida al público que a los diputados, está aterrizando. Ministros que votaron por la marcha, como Michael Gove, Andrea Leadsom y Liam Fox, son desplegados entre las filas 'tories' para convencer a los indecisos. «Esta es la manera ordenada de cumplir el objetivo», les dijo Cox, «no es una cuestión de legalidad, sino de prudencia».

 

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