3.700 casos en Alemania durante setenta años

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

La Iglesia católica alemana arrastra un oscuro pasado de abusos a menores con 1.670 religiosos implicados en esas prácticas entre 1946 y 2014, según un amplio estudio elaborado por expertos de las universidades de Mannheim, Heidelberg y Giessen en cuatro años y medio de intensa investigación. Encargado hace un lustro por la Conferencia Episcopal (DBK), el estudio será presentado el 25 de septiembre por su presidente y arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, aunque varios medios de revelaron ayer las conclusiones del documento, de más de 250 páginas.

Del informe se desprende que al menos 3.677 menores, de ellos 969 monaguillos, fueron víctimas de los abusos en un espacio de casi 70 años. La gran mayoría de las víctimas eran varones y más de la mitad menores de 13 años. En uno de cada seis casos los niños o adolescentes sufrieron varios tipos de violación y el 75% tenía alguna relación religiosa o pedagógica con los autores de los abusos. Las cifras superan con creces los datos conocidos hasta ahora y las presunciones de muchos expertos.

Tras estudiar más de 38.000 actas aportadas por las 27 diócesis alemanas, los expertos concluyen que por lo menos el 4,4% de los clérigos dependientes de los obispados germanos fueron presuntamente pederastas que abusaron de menores a su cargo. Los siete autores y cinco colaboradores insisten en que las cifras de religiosos pederastas y sus víctimas son «mínimas» y que se presumen mucho mayores, entre otras causas porque se constató que muchas actas habían sido manipuladas o destruidas intencionadamente.

Además, los investigadores no tuvieron la documentación que se guarda en los obispados. «El proyecto investigador nunca tuvo acceso a las actas originales de la Iglesia» y «todos los archivos y datos fueron revisados por el personal de las diócesis o los despachos de abogados contratados por estas», revelan los autores del estudio, que recibían la información en forma de respuestas a amplios cuestionarios que elaboraban. Todo ello pone en duda la independencia del informe. La situación ya fue denunciada por el criminólogo Christian Pfeiffer, al que la Iglesia Católica alemana encargó inicialmente el estudio y quien criticó las condiciones que quisieron imponer las diócesis, entre ellas las de controlar los textos, prohibir su difusión, así como la resistencia a que sus actas fueran analizadas por jueces y fiscales eméritos.

Aunque la DBK redujo finalmente la supervisión, no dejó de tener un control casi absoluto. Al contrario de lo que sucedió con el informe de abusos publicado en agosto en Pensilvania o el de la Royal Commission en Australia en 2017.

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