«Gracias por sacarnos de allí»

José Manuel García Margallo conversa con varios españoles en el avión que los repatrió ayer desde Nueva Delhi. :: Zipi / efe/
José Manuel García Margallo conversa con varios españoles en el avión que los repatrió ayer desde Nueva Delhi. :: Zipi / efe

Los primeros españoles evacuados de Nepal elogian a Exteriores por haber sido los primeros europeos en salir de Katmandú

ANDER AZPIROZ MADRID.

Para 46 españoles, entre ellos dos bebés de pocos meses, el infierno que se abrió el pasado sábado en Nepal se cerró a las 9.23 horas de ayer cuando el Airbus de la Fuerza Aérea Española que los trajo de vuelta a casa tomó tierra en la base aérea de Torrejón de Ardoz. Atrás quedaron tres días de miedo, hambre y dolor en medio de un Katmandú reducido a escombros y con los cadáveres de miles de víctimas del terremoto esparcidos por cada rincón de la capital nepalí.

Las más de once horas de vuelo desde Nueva Delhi transcurrieron entre dos fases muy diferenciadas. La primera de ellas giró en torno al pasado. En esos momentos, las caras de los 44 repatriados reflejaban el drama vivido, el cansancio o el efecto de enfermedades como la diarrea, que se ha cebado con ellos durante tres jornadas sin prácticamente acceso a agua potable.

Sus conversaciones giraron en esas horas en torno a imágenes de los días precedentes que han quedado grabadas a fuego en sus mentes, como la del suelo al abrirse a sus pies, los escombros al caer sobre sus cabezas o los supervivientes nepalíes incinerando en cientos de piras ceremoniales a sus familiares fallecidos.

Entre el grupo, Nama Méndez-Gómez, un ponferradino de 31 años apasionado del sudeste asiático, recordó como en el momento en que empezó la sacudida cogió las pocas pertenencias que pudo y salió a la carrera de su hotel. «Al llegar a la calle me tope de frente con un templo budista lleno de gente que se vino abajo con todos ellos dentro. Soy una persona que intenta pensar siempre en los positivo pero no puedo evitar que me vengan a la cabeza los gritos de agonía de aquellas personas», relataba Nama.

Aunque exhaustos y aún con el susto en el cuerpo, los evacuados insistieron en los agradecimientos a dos personas. Uno de ellos es el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo. Ninguno pasó por alto que el jefe de la diplomacia, al que la fortuna llevó de visita a India el mismo día del seísmo, se comprometió a que su avión oficial no abandonaría Nueva Delhi hasta que el último español fuera sacado de Katmandú. Y que lo cumplió. Tampoco que fueron sus gestiones con el Gobierno indio las que permitieron que el aparato de los Fuerza Aérea España acudiera a recogerlos. «Mientras americanos y franceses se han quedado en aquel infierno nosotros estamos camino de casa», destacaban los evacuados.

Pero si alguien se ha ganado el cariño de los españoles ésa es la cónsul en Nueva Delhi. Laura García Alfaya viajó el domingo a Katmandú. Sin pegar ojo desde el sábado a la mañana del martes, la diplomática logró sacar de la capital nepalí a los 127 españoles que aguardaban allí. Todos los evacuados coincidieron al recordar como los soldados que custodiaban el aeropuerto intentaron sacar tajada a costa de ellos. Y también en que «no pudieron con Laura». «Nos tenía a todos formando un grupo y nos decía que avanzáramos todos juntos. No dejó a nadie atrás», recordó uno de los rescatados. Para Nama el mejor momento de la cónsul fue cuando los soldados rasos, viendo que con ella en frente no iban a poder sacar dinero a los españoles a cambio de abandonar el país, llamaron a sus superiores. «Los de las tres estrellas en la solapa le duraron tres minutos. Acabaron todos cuadrados ante ella».

El futuro

Tras la cena el Airbus quedó mudo. Ya camino de casa fue el primer momento de auténtica relajación para los 44 españoles. Tras unas horas de sueño, las caras tensas desaparecieron y las conversaciones pasaron de hablar del horror del pasado a la esperaza del futuro.

Una de las evacuadas pasó entre el pasaje una hoja para apuntar los datos de cada uno de sus compañeros de fatiga con el propósito de impulsar un proyecto para instalar una potabilizadora de agua en Nepal. El anunció del comandante de la aproximación a Madrid para el aterrizaje fue recibido con un aplauso al que siguió otro más sonoro en el momento en que el aparato tocó tierra. Minutos después, los 46 españoles se reunieron con sus seres queridos en una sala de la base de Torrejón.

El mar de lágrimas que allí se derramó permitió aflorar la tensión vivida a lo largo de los últimos cuatro días. «Estar vivo después de una tragedia como ésta te hace replantearte muchas cosas», apuntó Nama antes de despedirse con un «gracias a todos por sacarnos de allí».

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