Donald Tusk, mucho más que un presidente

Donald Tusk, con Herman Van Rompuy, en Bruselas. /
Donald Tusk, con Herman Van Rompuy, en Bruselas.

Su elección, unánime entre los Veintiocho, supone un histórico ascenso del bloque del Este a la cúpula del poder de la UE

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Nació en Polonia hace 57 años, en Gdansk, en la ciudad de paisaje portuario donde comenzó a perder pie el comunismo a base de 'Solidaridad' por culpa de aquel sindicato del ahora o nunca forjado por Lech Walesa. Allí empezó todo. Porque eso marca y a Donald Tusk le marcó. Historiador, de padre carpintero y madre enfermera, el que fue primer ministro de Polonia entre noviembre de 2007 y el septiembre pasado se convertirá hoy en presidente del Consejo Europeo. En el jefe de los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión. En el rostro visible de un Viejo Continente que, con esta decisión, da un giro radical a su idiosincrasia geoestratégica. El bloque del Este, por fin, asciende a la cúpula de la Unión Europea. Jugará en primera, entre los grandes. Lo de Tusk es mucho más que un nombramiento.

Se certificó el 30 de agosto, en una cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de gobierno de los 28 que tuvo que organizarse en pleno verano a causa de un calendario de elección apretado y después del enésimo fracaso en la cita celebrada mes y medio antes en Bruselas. Es lo que tiene poner de acuerdo a 28. El Consejo Europeo fue como la seda. Rápido y lleno de sonrisas. Merkel llevaba semanas cocinando con mucho tiento uno de esos guisos enrevesados que, como te pases con la sal o te quedes corto, todo se va al garete. Geográficos, políticos, de género... La UE vive de, por y para sus equilibrios existenciales.

Italia se llevó la Alta Representación Exterior en la figura de Federica Mogherini y Polonia, la del Consejo Europeo en la persona de su aún primer ministro. Ni la danesa Helle Thorning-Schmidt (gran favorita al serlo también de Reino Unido), ni el irlandés Enda Kenny, ni el holandés Rutte. El elegido fue Donald Tusk, líder que había condicionado el apoyo del bloque oriental a Mogherini (muy discutida por su tibieza hacia Vladímir Putin) a que el Este precisamente, ascendiera por fin a la cúpula de la UE. Dicho y hecho.

Muñidor de acuerdos

Se trata, además, de un año especial para su país, que se conmemora el primer cuarto de siglo desde sus primeras elecciones 'libres', 15 años de su ingreso en la OTAN y 10 de su acceso a la Unión. Lo hizo en 2004, en la antepenúltima tanda junto a Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania. El Este llegó para quedarse y ahora pasa a liderar el organismo que aúna a los líderes de la UE en un momento clave para combatir los anhelos expansionistas de Rusia, que quedaron en evidencia en Ucrania, una de las mayores crisis a las que se enfrenta Europa y que supondrá una auténtica prueba de fuego para Tusk, que sustituye en el cargo al belga Herman Van Rompuy.

No lo tendrá fácil. Tres son sus grandes retos: Ucrania, coordinar la enésima respuesta comunitaria a la crisis económica para evitar la tercera recesión y lidiar con los vaivenes de David Cameron y su deseo de impulsar un referéndum en Reino Unido para salir de la UE. Es el nuevo muñidor de las variopintas sensibilidades nacionales, de unos Estados que con su derecho de veto en cuestiones clave se convierten de facto en la institución con más poder del entramado comunitario. Dicen que tiene mano izquierda para las relaciones personales, que tiene duende, que despierta simpatías, pero que en cambio, matizan, su nulo conocimiento del francés y su mejorable nivel de inglés le han valido numerosas críticas. Eso sí, habla alemán, y esto, en Europa, es decir mucho.

Es historiador, tiene 57 años, está casado, tiene dos hijos, líder estudiantil, fundador del partido Plataforma Cívica adscrito a la familia del PP europeo, primer ministro entre el 2007 y el 2014 (nunca antes nadie había sido reelegido en su país desde la caída del comunismo) de un Estado que logró crecer un 20% durante la crisis que todavía atenaza a Europa. ¿Pero quién es Donald Tusk?

Capacidad de liderazgo

«Ni es un liberal de derechas del norte, ni rusófobo, ni procede de un país euroescéptico. La fuerza de Tusk es que proviene de un partido que no se ha caracterizado por un fuerte componente ideológico y de un país que está a caballo entre la periferia y el centro, entre fuera y dentro de la Eurozona, con una fuerte aprobación de la Unión Europea próxima el 90%», asegura a este periódico el economista Wojciech Golecki.

«Aunque Tusk no será recordado en Polonia como un reformador revolucionario, no debe entenderse que este será su proceder en Bruselas. Tusk ha demostrado capacidad de liderazgo en los difíciles exámenes que ha tenido que pasar. La crisis financiera y económica, la crisis europea del gas de 2009, la catástrofe del avión del presidente Kaczynski en 2010 y, sobre todo, la guerra ucraniana, que ha reforzado ese rol de líder que su política de tranquilidad y paz no dejaba ver», asegura el también miembro de la plataforma CC/Europa. «Tusk tiene la presión de la historia encima», incide Golecki.

Apenas tendrá tiempo para aclimatarse. El primer 'match ball', decisivo para el futuro económico de la UE, se jugará en la cumbre de los próximos días 18 y 19. Una cita en la que estará sobre la mesa el plan Juncker para movilizar 315.000 millones en inversión. Para muchos, la «última posibilidad» para Europa. Y allí estará Tusk, al mando, haciendo historia.

 

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