A tinta y fuego

Miguel Ángel Aguilar, en la sede de la Asociación de Periodistas Europeos (APE), en Madrid. :: josé ramón ladra
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Miguel Ángel Aguilar, en la sede de la Asociación de Periodistas Europeos (APE), en Madrid. :: josé ramón ladra

Miguel Ángel Aguilar repasa su carrera en la prensa en el libro 'En silla de pista'. A sus 75 años, aboga por que el informador recupere la pasión y sostiene que «un cierto grado de alcoholismo favorece el oficio periodístico»

ANTONIO PANIAGUA

Miguel Ángel Aguilar (Madrid, 1943) iba para astrónomo pero, como él dice con sorna, acabó degenerado por el periodismo. Se licenció en Ciencias Físicas, pero su lucha contra el SEU, el sindicato universitario vinculado a la Falange, le indujo a ingresar en la Escuela Oficial de entonces, donde se aprendía el oficio de plumilla. Ha pasado por un sinfín de medios y lo ha sido todo en el periodismo parlamentario. Vivió los estertores del franquismo, la Transición y el 23-F. Acaba de entregar a la imprenta el libro 'En silla de pista' (Planeta), «unos apuntes al natural» que toman su título de la sección que tenía en la revista 'Triunfo' su amigo Luis Carandell.

- A la vista de cómo está la situación en Cataluña, ¿echaremos de menos a Jordi Pujol?

- No creo que se pueda decir que Pujol fuera un muro de contención. Tenía un 'tempo' propio, pero sus objetivos concuerdan perfectamente con lo que estamos viendo. Quizá pensaba que la aceleración para llegar a la independencia era contraproducente, pero al final la cuestión se ceñía a la velocidad, no a los fines. Su apariencia de rigor político era perfectamente compatible con la corrupción.

«En Cataluña hay gente extraordinaria, hay místicos y hay hijos de puta»«Cuando González fue elegido, solo había mandado en dos secretarias»

- Un partido burgués como el PDeCAT encuentra un aliado en los Comités de Defensa de la República (CDR). ¿No es el mundo al revés?

- Sí, cuesta comprenderlo. Pero es algo parecido a lo que decía Roosevelt del dictador nicaragüense Anastasio Somoza: «Puede ser que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». En el PDeCATprevalece la idea de que los miembros de los CDR son 'los nuestros'. Es una concepción que también el PNV pudo albergar con respecto a ETA: eran terroristas, pero afines porque perseguían lo mismo. Recordemos aquello de «unos mueven el árbol y otros recogen las nueces». En Cataluña, como en todos los sitios, hay gente extraordinaria, hay místicos y hay hijos de puta. El anarquismo que prendió tan fuerte en Cataluña no venía del Sahel, estaba ahí. Todos los conflictos que han dividido y atormentado a España han dividido y atormentado a Cataluña.

- ¿Comparte la idea, atribuida a Felipe González, de que el Estado de Derecho también se defiende en las cloacas?

- Tiene que haber una Policía del subsuelo, como la que vigila las alcantarillas en el perímetro del Congreso de los Diputados. Todo esto me recuerda el libro titulado 'Yo, inspector de alcantarillas', escrito por ese loco fascista que era Ernesto Giménez Caballero.

- Ahora los máximos dirigentes de PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos son apuestos y jóvenes. ¿Pecan de bisoñez?

- Todos los políticos cuando llegan al poder pecan de bisoñez, salvo Adolfo Suárez, que, parafraseando a José Martí, conocía al monstruo porque había habitado en sus entrañas. Por eso sabía cómo desmontar el franquismo. Cuando Felipe González fue elegido presidente, solo había mandado en dos secretarias.

Noticias y botella de agua

- ¿Echa de menos las redacciones en que se bebía, fumaba y jugaba a las cartas?

- La transformación acústica y medioambiental de las redacciones ha tenido unas consecuencias empobrecedoras. Ahora las redacciones están insonorizadas. No se bebe ni se fuma en ellas. Sin embargo, un cierto grado de alcoholismo favorece el oficio periodístico. Desde que se ha impuesto la sobriedad absoluta y la botella de agua observo una pérdida de calidad.

- Ahora se habla mucho de noticias falsas, pero la intoxicación y la propaganda siempre han existido.

- Todo poder, en cuanto se constituye como tal, lo primero que genera es una oficina de prensa y propaganda. El deber de los periodistas es descodificar esa información para evitar que los lectores se contaminen.

- Dicen que dentro de 15 años el 90% de las informaciones estarán escritas por robots.

- Una vez oí contar que, en el diario 'Arriba', uno de esos antiguos falangistas valerosos preguntó a los redactores si alguien sabía lo que era el liberalismo. Y el más atrevido contestó: «No, señor, pero mándenos escribir un editorial y verá cómo le sacudimos». La aparición de los robots tampoco es una novedad.

- ¿El oficio de tertuliano ha degradado el debate? ¿Se puede saber de todo?

- No se puede saber de todo. Lo que pasa es que el tertuliano es un recurso que viene muy bien a los medios. De no haber nada de debate hemos pasado al extremo contrario. Echo en falta que alguien diga: «Yo de esto no sé, me faltan datos». Pero está mal visto.

- Durante la Transición, los periodistas trabaron una relación muy íntima con la clase política. ¿Fue un error?

- En el franquismo había que mantener una distancia fuerte con la veneración al Caudillo. La reacción a ese alejamiento fue el desarrollo de una proximidad que acabó siendo contraproducente. Con Luis Carandell creamos el 'Club del Usted' en el Congreso de los Diputados para recuperar el uso de la tercera persona. Era preciso que la distancia gramatical también fuera distancia crítica.

 

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