Las ratas de Joshua Tree

El árbol de Josué es una especie endémica del desierto de Mojave. Algunos ejemplares del parque californiano que lleva su nombre tienen más de 200 años. :: r. c./
El árbol de Josué es una especie endémica del desierto de Mojave. Algunos ejemplares del parque californiano que lleva su nombre tienen más de 200 años. :: r. c.

Vándalos y motoristas incívicos profanan el parque californiano aprovechando la falta de guardas por el cierre parcial decretado por Trump. «Algunas zonas no se recuperarán en 200 o 300 años»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Plano, seco y azotado por el viento, el primer tramo del parque Joshua Tree recuerda a la sabana africana, pero resulta ser el hábitat ideal de serpientes de cascabel y águilas reales. A medida que uno se adentra y asciende de altitud, el paisaje se revela lunar pese a la presencia de exóticos cactus, como los ocotillos, el chaparral, la palmera washingtoniana o las chumberas. Desierto adentro, el satélite se viste de inhóspita Marte para custodiar ejemplares fantasmales y únicos de 'Yucca brevifolia', más conocida como árbol de Josué. Los cerca de 3 millones de visitantes que saborean cada año sus paisajes, entre ellos muchos campistas y escaladores, salen encantados de la polvorienta y lisérgica experiencia. Sin embargo, estos días resulta bastante más edificante limitarse a ver en el móvil un capítulo de 'El coyote y el correcaminos'.

L El parque nacional Joshua Tree, una cinematográfica reserva natural en la que confluyen los desierto de Mojave y Colorado, y cuyo acceso principal se localiza a 200 kilómetros de Los Ángeles y a 300 de Las Vegas, está hecho unos zorros. El 'shutdown' o cierre de parte de la Administración pública propiciado por el presidente Trump durante 35 días, hasta el pasado lunes, y que dejó sin trabajo temporal (y sin sueldo) a 800.000 funcionarios federales, entre ellos los guardas forestales, ha dado alas a las ratas de dos piernas, que se han dedicado a arrasar el santuario ecológico con los neumáticos de sus todoterrenos y la pintura de sus espráis.

LOS DESTROZOS

3
196 kilómetros cuadrados
El icónico árbol de U2
Pista libre a los todoterreno
Grafitis en las rocas

Mientras el presidente insistía en reclamar al Congreso miles de millones para hacer más largo y ancho su muro en la frontera con México, miles de incívicos domingueros, excursionistas, maleantes y descerebrados aprovechaban la ausencia total de vigilancia en el parque, durante prácticamente todo el mes, para profanarlo. El resultado es tan deplorable que, a su regreso, la dirección de esta reserva natural se ha visto obligada a cerrar sus puertas para emplearse a fondo en su limpieza y tratar de subsanar los cuantiosos destrozos.

Yosemite o el Gran Cañón registran también residuos por doquier y expolios vegetales

«Si bien la gran mayoría de personas que visitan el Joshua Tree lo hacen de manera responsable, durante estas últimas cuatro semanas se han registrado incidentes muy graves, como la apertura de nuevas pistas creadas por los automovilistas y la destrucción de árboles», detalla el portavoz de la reserva ecológica, George Land. «Nuestro parque alberga un paisaje increíblemente frágil que va a precisar de mucho tiempo para regenerarse», agrega.

Visiblemente consternado, Land ha ido más lejos y ha tachado lo ocurrido de «irreparable». Tanto que «algunas áreas van a tardar entre doscientos y trescientos años en recuperarse del daño que se les ha ocasionado», afirma quien estuvo al mando del santuario californiano durante siete años, hasta 2010. «Nunca hemos visto semejante reguero de campistas que se han instalado fuera de los límites acotados para ello», añade su sucesor, David Smith.

La falta de civismo de otros visitantes menos dañinos pero igualmente desconsiderados también ha dejado secuelas en forma de instalaciones impractibles y todo tipo de residuos desperdigados por doquier. El lugar que sirvió de inspiración a la banda irlandesas U2 allá por 1987, cuando tituló su quinto álbum 'The Joshua Tree' y lo ilustró con un extraño cactus de ramas retorcidas llamado a convertirse en icono del rock, no resulta hoy muy sugerente.

Los mormones sedientos

El parque nacional que visitaron entonces para una inolvidable sesión fotográfica se extiende a lo largo y ancho de 3.196 kilómetros cuadrados repartidos entre los condados de San Bernardino y Riverside. Declarado monumento nacional en 1936 por el presidente Roosevelt, recibió su estatus de parque nacional en 1994. Sus puestas de sol, sus noches engalanadas de estrellas, sus rocas de sugerentes formas y, sobre todo, sus árboles tortuosos lo convierten en un lugar mágico. Cuentan que debe el nombre a unos mormones que viajaban hacia el Oeste desde Nevada. Cuando, agotados y sedientos, vieron un árbol con sus ramas implorantes levantadas al cielo, les recordó al profeta que consiguió llevar a los hebreos hasta la Tierra Prometida después de que Moisés dejara la vida en el camino.

Incidentes similares al de Joshua Tree, aunque menos dañinos, se han denunciado durante el 'shutdown' en otros parques y áreas naturales de los Estados Unidos, como Yosemite o el Gran Cañón, donde visitantes negligentes han dejado papeleras rebosantes de desperdicios, huellas de neumáticos en áreas restringidas y expolios vegetales. Los funcionarios federales de medio ambiente advierten de que los efectos de estos desalmado tardarán en diluirse.

Es la superficie de esta reserva natural, que se reparte entre los condados californianos de San Bernardino y Riverside. Declarado monumento nacional en 1936 por Franklin Roosevelt, recibió el estatus de parque nacional en 1994. Está situado a entre 600 y 2.000 metros de altitud.

El árbol de Josué, que la banda irlandesa utilizó en 1987 para dar nombre e imagen a su quinto y más emblemático álbum, es una rarísima especie que solo crece en este parque, una de las regiones más áridas y desoladas del planeta, a caballo de los desiertos de Colorado y de Mojave. Junto a ese vegetal destacan sus rocas, de sugerentes formas, y 300 pozos, legado de la 'fiebre del oro' desatada en el siglo XIX.

millones de visitantes recibe al año este parque nacional, por cuyo acceso se cobra una tarifa de 30 dólares.

 

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