«Todo el puerto olía a carne quemada»

Bellazzini (derecha) y Mario Cappa, con la Isla del Rey al fondo./
Bellazzini (derecha) y Mario Cappa, con la Isla del Rey al fondo.

J. A. GUERRERO

Gustavo Bellazzini ha conocido el infierno y ha visto a decenas de compañeros devorados por las llamas. Jamás lo olvidará. No puede ni quiere. Por respeto a la memoria de los 1.395 compatriotas que murieron en el hundimiento del 'Roma'. El estaba allí y 75 años después es el único superviviente de toda la tripulación de aquel colosal navío. Bellazzini fue uno de los quinientos náufragos que llegaron a Mahón en la flotilla de rescate. Milagrosamente resultó ileso en el ataque y no precisó de atención médica en el hospital de la Isla del Rey. Pero sí visitó a sus compañeros heridos y, como si fuera ayer, aún recuerda el olor a carne quemada en el puerto. «Unos dormían de pie apoyados en muletas y otros en aspa porque tenían las ingles y las axilas quemadas».

Bellazzini, que nació en 1921 en La Spezia, donde hay una base naval, participa este fin de semana en Mahón en los actos de homenaje a los tripulantes del 'Roma'. Acude acompañado de su nieta. «He venido otros años, pero éste sin duda es especial», dice por teléfono y recién aterrizado en Menorca tras 20 horas de viaje desde Génova por culpa de los condenados retrasos de los aviones. Gustavo, maquinista del 'Roma', recuerda perfectamente lo sucedido aquel 9 de septiembre de 1943. El día antes zarparon precisamente del puerto de La Spezia con el 'Roma' y el resto de la flota para rendirse a los aliados tras el armisticio de Italia. «Al día siguiente los alemanes nos atacaron. Nos lanzaron dos bombas, la primera atravesó el barco por el centro, y unos pocos minutos después impactó la segunda entre la torre de mando y la torre número dos. Yo estaba abajo y cuando salí a cubierta el agua ya lo alcanzaba todo... era como una piscina y empecé a nadar todo lo rápido que pude alejándome del fuego unos 30 metros. Nadé hasta el 'Mitragliere', un torpedero que había venido a socorrernos a los del 'Roma'. Fui muy afortunado, muchos otros murieron». - ¿Y en qué pensaba? - En mi mujer Dina y en mi hija Gabriela, que sólo tenía 52 días. ¿Sabe una cosa? He estado casado con Dina 68 años y desde que murió en 2008 voy todos los días, aunque truene o llueva como el diluvio universal, a hablar con ella un ratito al cementerio.

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